«La justicia falla y alguien tiene que actuar»: la novela negra que destapa los secretos más oscuros del poder

«La justicia falla y alguien tiene que actuar»: la novela negra que destapa los secretos más oscuros del poder

Llegas a la ficción después de una trayectoria profesional de más de cuarenta años ligada a la empresa, la consultoría y la docencia. ¿En qué momento apareció la necesidad de pasar de los textos profesionales a contar historias?

Desde siempre he tenido el deseo de escribir. Por motivos profesionales, lo hice en libros y blogs de temas técnicos relacionados con mi profesión. Las ideas para escribir ficción las tenía y estas se materializaron desde el momento en el que pude disponer de más tiempo.

Gandallas, Malandros y ahora Vipéreos comparten el territorio del noir, pero cada novela parece dirigir la mirada hacia un tipo diferente de oscuridad. ¿Qué evolución ves tú mismo entre las tres?

En las tres novelas, toco temas diferentes, pero siempre guiadas por la denuncia social y la necesidad de impartir justicia que tienen los protagonistas, Berto Crusellas y Nito Serra.

En Vipéreos, Nito Serra vuelve a encontrarse ante una investigación que acaba llevándolo a un terreno especialmente delicado: los abusos a menores dentro de un colegio religioso. ¿Qué te hizo querer construir una novela negra alrededor de un asunto de esta gravedad?

Es cierto que el tema de Vipéreos es el más escabroso, pero me apetecía tocarlo porque cuando uno lee la prensa diaria es bastante habitual que aparezcan noticias relacionadas con la pederastia. Defender a los más vulnerables, como lo pueden ser los niños o, en otros casos, los ancianos, es un tema que no se puede dejar de lado en nuestra sociedad.

La novela comienza en 1982 y después avanza varias décadas. ¿Qué te permitía esa distancia temporal que no habría sido posible contando toda la historia únicamente desde el presente?

Arranqué el primer capítulo de la novela con un flashback que enlazara con lo que iba a transcurrir a continuación, para seguir con el resto de la historia de una manera lineal en el tiempo, tras el salto temporal.

Uno de los aspectos que más peso adquiere es el pasado de Berto Crusellas y la forma en que una investigación profesional termina convirtiéndose también en algo íntimo. ¿Tenías claro desde el principio que el caso iba a afectarle de una manera tan personal?

Sí, lo tuve claro. Incluso, en algún momento, pensé llevarlo más allá, todavía. La evolución de Berto Crusellas es patente cuando has leído las tres novelas que protagoniza. Todos los casos que le han ocupado tienen mayor o menor relación con su persona.

Nito y Berto tienen formas distintas de enfrentarse a aquello que consideran injusto. ¿Qué te interesa especialmente de esa relación entre ambos personajes?

Son dos personajes diferentes, a los que les une cierta honestidad y la ambición de poder hacer justicia, allí donde la Justicia en mayúsculas se inhibe o falla. Berto es más idealista y Nito es más pragmático. Sin olvidar a Mía Guerra, la mujer de Berto Crusellas, que es otro contrapunto fuerte entre los dos protagonistas.

J.A. Aguilar - Vipéreos
J.A. Aguilar – Vipéreos

En un momento de la novela aparece incluso la idea de enfrentarse a los “gandallas”, los “malandros” y ahora los “vipéreos”, conectando de alguna manera tus tres títulos. ¿Concibes las novelas como partes de un mismo universo narrativo?

Sí. Aunque las tres novelas son autoconclusivas, ya que se pueden leer por separado porque las tramas son diferentes, no deja de ser interesante leerlas por el orden de su publicación, porque se puede ver mejor la evolución de los personajes.

La familia Hinojosa ocupa un espacio importante en Vipéreos y permite que la novela se adentre también en relaciones familiares marcadas por el autoritarismo, los secretos y los conflictos heredados. ¿Qué papel juega la familia dentro de la historia?

El tema de la familia, en general, me interesa mucho. Esa organización ancestral es uno de los pilares de nuestra sociedad. Como dijo Simone de Beauvoir: «La familia es un nido de perversiones». Concepto que no se puede generalizar, pero que, viendo algunas familias, lo entiendes a la perfección. En el caso de los Hinojosa, quise representar esos tipos de familia que se dividen a pesar de sus lazos.

Barcelona vuelve a tener mucha presencia, hasta el punto de convertirse casi en otro personaje. ¿Cuánto hay de tus propios recuerdos y de tu relación con la ciudad en esa ambientación?

Barcelona es mi ciudad a la que quiero mucho. Si de algo me siento orgulloso en esta vida es de ser barcelonés. Y Barcelona, en sí misma, es todo un personaje y un emplazamiento fantástico para desarrollar narrativa negra. No en vano, Vázquez Montalbán o González Ledesma eran de Barcelona y la llevaron en sus obras, siempre.

Tu experiencia en el mundo empresarial aparece también dentro de tus novelas. En Vipéreos, por ejemplo, Nito investiga paralelamente casos de espionaje industrial. ¿Te resulta difícil separar al antiguo directivo y consultor del novelista?

No. Porque el mundo de la empresa es, en general, muy sucio. Hace un tiempo, presenté una ponencia sobre Black Business, donde seleccioné una serie de clásicos de la novela negra con el mundo empresarial. Entre ellos, uno de mis libros de cabecera como lo es El Padrino. Es un mundo en el que me he movido muchos años y que domino muy bien.

El género negro permite hablar de delitos, pero también de poder, impunidad, moral o corrupción. ¿Qué te interesa más: resolver el misterio o utilizarlo para mirar aquello que ocurre alrededor?

Me interesa más lo segundo. Aunque mantener en vilo al lector para tratar de escudriñar qué es lo que sucede también me pone, si se me permite la expresión. Pero lo primero es la denuncia social, sea del tipo que sea. En Vipéreos, he tocado el tema de la pederastia y en Malandros toqué el tema de las acciones preferentes, que tienen poco que ver entre ellos. Y todavía quedan más temas para que Berto y Nito sigan haciendo de las suyas.

Has sido docente durante décadas. ¿Crees que tantos años explicando ideas y observando cómo reaccionan personas muy diferentes han influido en tu manera de escribir diálogos y personajes?

Sí. Han sido muchos años de interactuar con miles de personas y ello hace que tengas experiencia en la interacción entre personas cuando se plantean dudas respecto al tema que se está tratando.

Has participado además en festivales especializados en novela negra. Después de haber conocido el género como lector, autor y organizador, ¿qué crees que necesita una buena novela negra para diferenciarse?

Con la denuncia social como guía de la historia, hay que incorporarle dosis de misterio y de acción. Sin menoscabo de ciertas dosis de humor negro, que también visten bien a una buena novela.

Estás escribiendo ya una cuarta novela con la intención de publicarla en 2027. Sin revelar demasiado, ¿seguirá vinculada al universo de estas tres novelas o buscas abrir una etapa diferente?

Voy a dejar descansar a los justicieros Berto y Nito durante una temporada. Mi cuarta novela no tendrá nada que ver con las tres obras que he escrito hasta ahora. Será de narrativa negra en un ámbito familiar y con el tema herencia de por medio. Hasta aquí puedo leer.

Después de tres novelas publicadas, ¿sientes que ya has encontrado una voz propia como escritor o todavía tienes la sensación de estar descubriéndola?

Pienso que sí y así me lo hacen saber mis lectores. Para escribir hay que leer mucho, pero sobre todo hay que escribir. Y eso hace que cada vez tengas un estilo muy definido. Es una carrera que no se acaba nunca.

J.A. Aguilar - Vipéreos
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