¿Y si el pacto de Dios con la humanidad estuviera a punto de romperse? El thriller que pone al mundo en cuenta atrás
En El reloj del juicio final 1. Matusalén, la escritora colombiana Juliana Di María irrumpe en el panorama literario con una propuesta ambiciosa, explosiva y claramente contemporánea. Primer volumen de la saga Matusalén, la novela combina el pulso del thriller con los grandes interrogantes de la ciencia ficción y la espiritualidad, sin pedir permiso y sin miedo a incomodar.
La historia gira en torno a la búsqueda de una reliquia de enorme carga simbólica: el objeto que representa el pacto físico entre Dios y la humanidad, la garantía de que el mundo no volverá a ser destruido. Pero este vestigio sagrado no es solo una promesa divina; es también un detonante de conflictos, amenazas y persecuciones, especialmente para un poderoso líder espiritual que se convierte en su principal protector. A partir de ahí, la novela despliega una trama donde la fe, el poder y la supervivencia chocan de frente.
Uno de los grandes aciertos de Di María es el ritmo. El reloj del juicio final avanza con una narrativa trepidante, pensada para un lector que exige acción, giros constantes y una tensión que no se diluye. La autora juega con varias líneas temporales —presente, pasado y futuro— y sitúa la acción a lo largo de quince años clave del siglo XXI, entre 2056 y 2073, construyendo una visión inquietante y verosímil del porvenir.
Pero no se trata solo de entretenimiento. La novela introduce con inteligencia temas que ya marcan nuestro presente: el cambio climático, la sobreexplotación de la tierra por la ganadería, el debate energético, el desarrollo de las renovables y el avance imparable de la tecnología. Todo ello integrado en la trama, sin discursos forzados ni moralejas evidentes.
Como buena saga de ciencia ficción, Matusalén se atreve a ir más allá: contacto con seres inteligentes de otros planetas, chips implantables, brazaletes tecnológicos, vehículos eléctricos, arquitectura futurista e inteligencia artificial forman parte del ecosistema narrativo. No son simple decorado, sino piezas clave de un mundo que se siente cercano, posible y, por eso mismo, inquietante.
Con esta primera entrega, Juliana Di María demuestra ambición narrativa y una clara vocación por el gran relato: aquel que entretiene, sí, pero que también obliga al lector a preguntarse hacia dónde vamos como especie. El reloj del juicio final no anuncia el fin del mundo: lo pone en cuenta atrás.

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