Las Palmas de Gran Canaria nunca estuvo preparada para el fin. Pero no para un fin cualquiera, sino para uno que se arrastra, muerde y destroza, dejando tras de sí una ciudad irreconocible. En ¡Ños, cómo está Las Palmas!: El Apocalipsis tiene acento canario, Carlos Javier Ramos Ferrero no plantea solo una invasión zombi: construye un escenario donde lo cotidiano se rompe en mil pedazos… y aun así, se resiste a desaparecer.
La premisa es directa, casi brutal en su sencillez: un brote inexplicable convierte la ciudad en un infierno. Hospitales colapsados, calles vacías, supervivientes improvisados. Pero lo que diferencia esta obra de otras historias del género no es el qué, sino el cómo. Aquí no hay épica impostada ni héroes perfectos. Hay gente normal enfrentándose a lo impensable, con miedo, con rabia… y con un humor que a veces resulta tan incómodo como necesario.
Ramos Ferrero introduce un elemento clave que eleva la novela: la identidad. El “acento canario” no es un simple guiño, es el corazón del relato. Está en el lenguaje, en las reacciones, en la forma de afrontar el desastre. Porque cuando todo se viene abajo, lo último que queda es lo que eres. Y ahí está el golpe de la novela: incluso en medio del apocalipsis, no puedes dejar de ser tú mismo.
El tono mezcla sin complejos el terror gore con la sátira social. Hay sangre, sí, y violencia sin edulcorar. Pero también hay crítica, ironía y una mirada casi sarcástica hacia la sociedad que se desmorona. La supervivencia no es solo física, es también emocional y moral. ¿Qué haces cuando las normas desaparecen? ¿Qué queda de ti cuando todo lo demás ya no existe?
El ritmo es otro de sus aciertos. No hay descanso. La historia avanza con una urgencia constante, como si el lector también tuviera que correr para no quedarse atrás. Cada escena empuja a la siguiente, cada decisión tiene peso, y cada error se paga caro.
Pero quizás lo más interesante de la obra es su cercanía. No es un apocalipsis lejano ni abstracto. Es reconocible. Es una ciudad real, con calles que podrían ser las tuyas, con situaciones que, exageradas o no, se sienten demasiado posibles. Y eso incomoda. Porque convierte la ficción en algo peligrosamente tangible.
En un género saturado de fórmulas repetidas, ¡Ños, cómo está Las Palmas! apuesta por algo más honesto: no pide permiso, no suaviza el golpe y no intenta caer bien. Simplemente arrasa. Y en ese arrasar, encuentra su mayor virtud.
Carlos Javier Ramos Ferrero no escribe solo una historia de zombis. Escribe sobre lo que queda cuando todo se rompe. Y la respuesta no es bonita… pero sí terriblemente humana.