Hay libros de relatos que funcionan como pequeñas historias independientes. Y luego están aquellos que parecen puertas abiertas hacia algo mucho más extraño, íntimo y difícil de explicar. Serena y eterna, la obra de la escritora Holanda Castro, pertenece claramente a este segundo grupo: una colección de relatos donde lo cotidiano se mezcla con lo invisible hasta desdibujar por completo la frontera entre realidad, memoria y misterio.
La propuesta de Castro parte de preguntas tan sugerentes como inquietantes. ¿Qué puede unir a una cajera de Panishop con una misión de espionaje en el pasado? ¿Qué sucede cuando una mujer dada por muerta reaparece cuarenta años después? ¿Quién es realmente esa guerrera que asegura ser Juana de Arco en mitad de los Balcanes?
A partir de esos puntos de partida, Serena y eterna despliega diez relatos que funcionan como umbrales emocionales y simbólicos. Historias donde el tiempo parece plegarse sobre sí mismo y donde las protagonistas se enfrentan constantemente a experiencias que desafían la lógica convencional.
Uno de los grandes atractivos de la obra es precisamente su capacidad para convertir lo cotidiano en algo profundamente extraño sin perder sensibilidad ni humanidad. Holanda Castro escribe desde una mirada poética y sensual que impregna cada relato de una atmósfera casi hipnótica. Sus personajes femeninos no solo viven historias; atraviesan transformaciones emocionales y espirituales que las obligan a cuestionar quiénes son realmente.
La geografía también juega un papel importante dentro del libro. Distintos lugares, culturas y épocas aparecen conectados por una sensación común: la de que existe algo oculto bajo la superficie de la realidad esperando ser descubierto. Sin embargo, Castro no utiliza esos escenarios únicamente como decoración exótica, sino como espacios simbólicos donde la identidad, el deseo y la memoria terminan enfrentándose.
Serena y eterna habla mucho de mujeres, pero también del peso de las vidas no vividas, de los recuerdos imposibles y de esa intuición persistente de que el presente nunca está completamente separado del pasado. La autora parece interesada en capturar justamente ese instante donde la lógica deja de bastar y algo más profundo comienza a filtrarse.
El tono de la obra oscila constantemente entre la delicadeza poética y la inquietud emocional. Hay sensualidad, hay misterio y también una cierta melancolía que atraviesa muchos de los relatos. Como si todos compartieran la misma idea de fondo: que la realidad nunca es tan sólida como creemos.
Tras más de tres décadas escribiendo, Holanda Castro construye en Serena y eterna una especie de mapa literario de obsesiones, intuiciones y emociones suspendidas entre mundos. Un libro que no busca ofrecer certezas, sino invitar al lector a perderse dentro de preguntas incómodas y fascinantes.
Porque quizá entender quiénes somos exige, antes que nada, aceptar que hay experiencias imposibles de explicar desde la lógica.
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