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Leticia Ortiz y el arte de reírse cuando la vida lo pone todo patas arriba

Leticia Ortiz

Hay escritores que construyen sus historias alrededor del drama y otros que prefieren observar cómo el ser humano intenta mantener la dignidad mientras todo se desmorona a su alrededor. Leticia Ortiz pertenece claramente al segundo grupo. Sus novelas parten de personajes normales, trabajos poco satisfactorios, familias entrometidas, relaciones sentimentales en crisis y planes aparentemente sencillos que terminan desembocando en situaciones cada vez más disparatadas.

Nacida en Linares en 1985 y residente en Elche, Ortiz descubrió pronto dos vocaciones que, sobre el papel, parecían avanzar por caminos distintos: la química y la escritura. Comenzó escribiendo poesía durante la adolescencia y llegó a ser reconocida en el certamen provincial Federico García Lorca. Sin embargo, fue en 2016 cuando decidió abordar su primera novela en prosa y encontró el territorio narrativo que acabaría definiendo su trayectoria: la comedia romántica.

Su debut, Kika, nada pasa hasta que pasa, publicado en 2020, presentó a una protagonista que estudió Magisterio, pero que todavía no ha logrado encontrar el trabajo que esperaba. Kika atraviesa una etapa en la que nada parece salir bien y, para complicar todavía más su existencia, reaparece David, el hombre que la abandonó cuatro años atrás y que ahora pretende recuperar la relación. A su alrededor se despliega una familia poco convencional, un padre excéntrico y hasta un gato que interviene como consejero en los momentos decisivos.

La novela ya contiene buena parte de los elementos que caracterizarían la escritura posterior de Ortiz: una protagonista desbordada por las circunstancias, personajes secundarios que se niegan a permanecer en un discreto segundo plano, diálogos rápidos y una acumulación de conflictos que convierte lo cotidiano en una sucesión de escenas imprevisibles.

Pero bajo la comedia aparece también una cuestión reconocible: la sensación de no estar viviendo la vida que uno había imaginado. Kika no solo debe decidir quién merece ocupar su corazón. También necesita enfrentarse a sus frustraciones, a las heridas familiares que todavía arrastra y a la incómoda distancia que separa las expectativas juveniles de la realidad adulta.

Tres años después, Leticia Ortiz regresó con Cariño, devuélveme mi cuerpo, una historia que amplió su universo cómico incorporando elementos de aventura, misterio y enredo. Sus protagonistas, Eva y Daniel, son un matrimonio de treintañeros atrapado en una rutina cómoda, pero insatisfactoria. No soportan demasiado sus empleos, mantienen relaciones complicadas con sus respectivos suegros y comparten su hogar con Tim, un hámster de apetito insaciable bautizado en homenaje al actor Tim Robbins.

El detonante llega cuando Eva invita a Daniel a cenar en un restaurante de lujo durante San Valentín. Lo que debería ser una velada romántica termina involucrándolos en una peripecia poblada por un misterioso mendigo, un hombre incapaz de dejar de hablar, un gato disecado y un bibliotecario de carácter poco amable. La situación, cada vez más absurda, obliga a la pareja a mirarse de nuevo y a preguntarse en qué momento dejaron de reconocerse.

La autora utiliza aquí una premisa deliberadamente disparatada para hablar de asuntos bastante menos ligeros: el desgaste de las relaciones, el miedo a envejecer, la monotonía, la crisis personal y la dificultad de aceptar que convertirse en adulto no significa necesariamente tener la vida resuelta. El humor no elimina esos conflictos, sino que permite observarlos desde una distancia menos solemne.

Leticia Ortiz

Ortiz ha defendido precisamente la necesidad de reivindicar la comedia dentro de la literatura y su capacidad para contribuir al bienestar emocional de los lectores. En sus historias, hacer reír no funciona como un recurso secundario ni como una pausa entre momentos importantes. La risa es el centro de la propuesta y también una forma de resistencia frente al cansancio, la incertidumbre y las pequeñas derrotas de cada día.

Esa apuesta continúa en su tercera novela, ¿Y si te bordo un beso?, publicada en noviembre de 2025. La protagonista es Mara, una mujer que se siente perdida y poco realizada en su trabajo. Tampoco encuentra demasiada tranquilidad en casa: su hermano Johnny la desespera, sus padres se entrometen constantemente en sus decisiones y su abuela Inés conserva el espíritu de una veinteañera dentro de un cuerpo octogenario. A esta familia se suma Brutus, un chihuahua aparentemente inofensivo que posee el temperamento de una criatura mucho más peligrosa.

Mientras sueña con independizarse y encontrar el amor, Mara se refugia en el bordado. Los hilos, las telas y las puntadas representan el espacio en el que todavía puede ordenar aquello que fuera de ese pequeño territorio parece escapar a su control. Sin embargo, su equilibrio comienza a tambalearse cuando dos hombres irrumpen en su camino y convierten su vida sentimental en un nuevo campo de batalla.

El bordado no es únicamente una afición atribuida a la protagonista ni una imagen ingeniosa para construir el título. También funciona como una metáfora de la propia novela. Mara intenta unir fragmentos, corregir errores y diseñar una vida que tenga algún sentido, aunque las personas que la rodean se empeñen en enredar continuamente los hilos.

Con esta obra, Leticia Ortiz vuelve al terreno de la comedia romántica y recupera la combinación de humor y amor que ya había impulsado Kika, nada pasa hasta que pasa. Pero Mara no es una repetición de Kika. Ambas comparten cierta desorientación vital y una tendencia involuntaria a quedar atrapadas en situaciones absurdas, aunque la nueva protagonista aparece marcada por una búsqueda más consciente de independencia y por la necesidad de defender su forma de entender el romanticismo.

A través de sus tres novelas, Ortiz ha construido una narrativa reconocible que no necesita recurrir a personajes extraordinarios. Sus protagonistas son mujeres que dudan, se equivocan, se sienten atrapadas y siguen buscando un lugar propio mientras sus familias, sus parejas, sus trabajos y hasta sus mascotas contribuyen a complicarles la existencia.

La escritora observa esas contradicciones sin juzgarlas y las transforma en una fuente constante de humor. Sus novelas recuerdan que una crisis sentimental puede convivir con una escena ridícula, que una familia agotadora también puede ser entrañable y que muchas veces la única forma de soportar determinados desastres consiste en aprender a reírse de ellos.

Desde Kika hasta Mara, pasando por el atribulado matrimonio de Eva y Daniel, Leticia Ortiz ha mantenido una convicción firme: la comedia también puede hablar seriamente de la vida. Quizá sus personajes no sepan hacia dónde se dirigen y casi nunca controlen lo que está sucediendo. Pero continúan avanzando, tropezando, enamorándose y tratando de recomponer su historia. Porque, como ya advertía el título de su primera novela, nada pasa hasta que, inevitablemente, pasa.

Leticia Ortiz

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Categorías: Noticias
Etiquetas: Leticia Ortiz
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