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“Un silencio que retumba más que mil gritos”: el poemario que incomoda a la España que prefiere olvidar

Emilio Joaquín Izquierdo - Luna de sangre

Luna de sangre combina memoria histórica, denuncia social y una profunda introspección existencial. ¿Qué impulso inicial dio origen a este libro?
Este poemario es el final de una etapa que debía a la vez olvidar y reivindicar y el principio de otra manera de buscar la sensibilidad y el silencio. Es una catarsis personal.

En poemas como “Lluvia de plomo” o “1975” la memoria política y la represión ocupan un lugar central. ¿Siente que escribir es también un acto de justicia histórica?
Sí, por supuesto. Es un acto de justicia histórica y de reivindicación de la memoria. En este país tenemos una deuda pendiente con las víctimas y represaliados de nuestra guerra civil y la dictadura posterior.

Hay una constante reivindicación de la dignidad del “perdedor” en textos como “El perdedor”. ¿Es una postura ética frente al mundo contemporáneo?
Es una llamada de atención para no olvidar nuestro pasado. Olvidarlo nos puede llevar a repetirlo. En el mundo actual estamos viviendo el renacimiento de los totalitarismos y la decadencia de una sociedad incapaz de parar y pensar que hay algo más importante que el dinero y el egoísmo personal: la ética, la solidaridad y los principios.

El mar aparece como símbolo recurrente —vida, muerte, memoria, exilio—. ¿Qué representa para usted ese Mediterráneo que “agoniza” en Mar de plástico?
El Mediterráneo vive dos realidades antagónicas: el turismo que abarrota sus playas y disfruta sus aguas, y el gran cementerio de miles de personas que huyen desesperadas en busca de una vida mejor, en pateras sin condiciones, indefensos y en manos de las mafias y de gobiernos europeos que dan la espalda a la mayor crisis humanitaria de nuestro continente. No podemos obviar que los turistas disfrutan las aguas de un inmenso cementerio de seres humanos anónimos.

En varios poemas se percibe una crítica directa al poder político y religioso. ¿Cree que la poesía debe incomodar o prefiere que acompañe?
La poesía y la literatura en general tienen la obligación de ser críticas e incomodar a las instituciones que olvidan y marginan a ese inmenso colectivo social que, pese a estar oprimido y explotado, tiene miedo a levantar la voz frente al poder político, religioso, económico y a las grandes empresas que solo buscan ampliar año tras año sus beneficios a costa de los colectivos más débiles.

La infancia en Benimaclet y la memoria de barrio contrastan con la España fracturada que describe en otros textos. ¿Es la nostalgia una forma de resistencia?
Es un regreso a mi infancia. Nací en el pueblo de Benimaclet, que durante la década de los sesenta pasó a ser un barrio de la ciudad de València. Considero que a Benimaclet se le usurpó su identidad por el interés de la gran urbe. Espero que en un futuro pueda recuperar su orgullo e identidad propia.

En el epílogo se percibe cansancio, pero también una necesidad casi inevitable de seguir escribiendo. ¿La poesía es refugio o condena?
Es un refugio doloroso, una manera de regenerar la paz y el silencio que me pide el corazón. Es, como he comentado, una catarsis.

El silencio aparece como herramienta de libertad en algunos poemas y como símbolo de represión en otros. ¿Cómo dialogan el silencio y la palabra en su obra?
El silencio es una constante en mi obra. Es una exigencia, una hiriente protesta y una atronadora realidad. Hay silencios que dicen más que mil palabras y otros que, sin mediar palabra, nos abren las puertas de la realidad individual y colectiva.

Textos como “No es amor” o “Las niñas de los silencios rotos” introducen una dimensión íntima y familiar. ¿Qué peso tiene la experiencia personal frente al compromiso social?
He intentado separar el compromiso social de lo íntimo y personal. Son poemas estancos, una especie de tregua en el fragor de la “batalla” que representa este poemario a corazón abierto.

En su libro conviven el amor, la muerte, la utopía y la denuncia. ¿Es esa mezcla una manera de retratar la complejidad del ser humano?
Es la vida en sí misma: la niñez, el amor, la utopía, la muerte. Todos tenemos que enfrentarnos a los mismos dilemas. Para mí, el amor es buscar el refugio de la persona amada.

La figura del poeta aparece cuestionada en “El poeta”. ¿Qué lugar cree que ocupa hoy el poeta en una sociedad saturada de ruido?
¿Qué es eso de la poesía? Esa sería la respuesta irónica. En la sociedad actual no hay espacio para la poesía. El poeta es resistencia frente a la vulgaridad y a las nuevas formas de entretenimiento que algunos llaman cultura. Es una resistencia minoritaria que se niega a morir en manos de modas pasajeras.

Si tuviera que definir Luna de sangre con una sola idea —más allá del título—, ¿sería memoria, dignidad, resistencia… o algo distinto?
Es un silencio que retumba más que el mayor de los clamores. Memoria, dignidad, pérdida y amor.

Emilio Joaquín Izquierdo – Luna de sangre

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Categorías: Entrevistas
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