Tu novela Abierta de par en par ha sido descrita como un “grito literario”. ¿Cómo nació la idea de escribir sobre el sinhogarismo femenino desde una perspectiva tan íntima?
En estos ocho años trabajando en Arrels Fundació (Barcelona) acompañando a personas en situación de calle con problemas de salud física, mental y de adicciones, observé cómo las mujeres se encontraban en una situación mucho más cronificada. Muchas de ellas, por el hecho de ser mujer, ya habían sufrido distintos tipos de violencia antes de llegar a la calle. Lamentablemente, esa violencia se intensifica y, en muchos casos, llega incluso a la muerte. Por esa brutalidad que han padecido y que aún tienen que soportar, me sentí en el deber de abrir mi intimidad, mi indignación y mi voluntad de gritar esta realidad inhumana.
El lenguaje de la obra es poético, casi coreográfico. ¿Qué papel jugó tu formación como bailarín en la construcción de la voz narrativa?
Como educador social no puedes separarte del dolor ajeno ni de las historias tan crueles de las personas. Tienes que convivir con el sufrimiento y la impotencia. Para seguir acompañando y favorecer la mejora de su situación, es necesario cuidarte profesional y personalmente. Tienes que buscar estrategias para transformar lo gris en color, la amargura en dulzura y la tristeza en sonrisas. Ahí, Vicky, la narradora, construye un lugar de acompañamiento, creando un espacio poético donde la danza y la interpretación se convierten en su fuente de fortaleza, creatividad y energía para facilitar procesos de transformación. La danza, una vez que forma parte de ti, te acompaña de por vida; estés donde estés y hagas lo que hagas.
Vicky, la protagonista, es una mujer herida pero lúcida. ¿Cómo se fue moldeando su voz durante el proceso de escritura?
La novela intenta dejar de lado la dura y silenciada historia de Vicky para dar protagonismo a las voces de las mujeres que habitan en Casa Camelia. Ella adopta el papel de educadora social y lleva a cabo sus intervenciones socioeducativas de manera premeditada: su escucha, sus silencios, su mirada, su cuidado, su comprensión. Pone su propia experiencia y su resiliencia vital al servicio de las verdaderas protagonistas para que puedan mejorar su situación.
Vicky está inspirada en una alumna de danza que, desde pequeñita, destacaba por sus movimientos y su expresividad. Hoy sigue su camino, deslumbrando con luz propia mientras transita hacia sí misma; un recorrido largo e injusto —el suyo—, sentido y decidido.
¿Te resultó difícil encontrar el equilibrio entre la denuncia social y la profundidad literaria?
Cuando acompañas a personas que, por haber estado en la calle, viven con la vida pendiendo de un hilo y muchas de ellas mueren muy jóvenes, como profesional tienes muy pocas opciones de soportar tanto dolor. Entonces, el dolor se convierte en fuerza; la fuerza, en esperanza; y cuando sabes que las personas necesitan diversas alternativas para mejorar, reúnes de nuevo el aliento y te entran ganas de gritar al mundo para que cambie. De ahí nace Abierta de par en par en castellano y Oberta de bat a bat en catalán.
El sistema está dirigido por el poder, pero no olvidemos que todas y todos formamos parte de él. Si nos dividen, vencerán; la unión hace la fuerza. ¡Unámonos!
En la novela, la ciudad de Barcelona aparece casi como un personaje más. ¿Qué quisiste reflejar de su atmósfera y de su indiferencia?
Barcelona es una ciudad donde la arquitectura, el arte, la cultura y el clima se han fusionado para ofrecer una imagen cosmopolita. Pero en esa grandeza y belleza no hay cabida para las personas que no pueden seguir su ritmo y exigencias. A estas se las expulsa, se las deja sin lugar en el mundo. Barcelona presume de recursos y servicios, pero lo cierto es que escasean y los que existen deberían adaptarse a las necesidades reales de las personas. Hay que comprender que quienes acaban en esta situación deben ser atendidas, acogiendo su trauma y su salud física y mental. Si no es así, estamos creando recursos que no sirven para que las personas se recuperen.
Muchos lectores destacan la ternura que atraviesa la obra, incluso en los momentos más duros. ¿Fue algo deliberado o surgió de manera natural?
La compasión tiene que estar presente de forma innata en la educación social para comprender que las historias que acompañas son el resultado de muchos factores a lo largo de la vida de las personas. Cuando cuidas, tienes que hacerlo con sensibilidad, con delicadeza y con firmeza para sostener los múltiples momentos de crisis. La recuperación de las personas fluctúa a través de diferentes etapas, incluidas las recaídas.
¿Hay autores o autoras que te hayan inspirado a tratar la marginalidad desde la literatura?
Violeta Núñez, Isabel Allende, José María Mendiluce, Ildefonso Falcones, Lucía Etxebarría, Paulo Coelho, Carlos Ruiz Zafón y muchas y muchos más… Gran parte de la literatura habla de las vidas de las personas, y cada historia tiene un recorrido que transita por diferentes estadios. La marginalidad no es solo material; en esta sociedad hay mucha precariedad emocional. En ese ámbito, debemos cuidar especialmente la infancia, la adolescencia y la juventud para asegurarnos de que su salud mental sea un derecho y no un lujo.
¿Qué aprendiste de ti mismo durante el proceso de escritura de Abierta de par en par?
Conocí una parte de mí que creí que no existía: el activismo. Siempre creí que remaba en silencio y caminaba cabizbajo, pero al acabar la obra vi una parte que no identificaba. Me ha recordado que ya no soy aquel niño miedoso y esquivo. Este proyecto me ha ayudado a valorar todo lo aprendido a lo largo de mi carrera profesional.
¿Te gustaría seguir explorando en tus próximos libros esta mezcla entre arte, vulnerabilidad y resistencia?
La vulnerabilidad es innata en nuestra humanidad. La fortaleza muchas personas la llevan inherente en su ADN; otras la pierden debido a las circunstancias crueles de su vida. Mi trabajo es acompañar para facilitar que puedan recuperarla. El sinhogarismo no es solo la pérdida de un hogar, sino también la pérdida de la salud física y mental, de las relaciones, de los derechos humanos, de la dignidad y, en ocasiones, hasta de la propia vida. Encontré en el arte una herramienta potente que ayuda a sacar lo más valioso de cada persona. Creo que mi vertiente artística seguirá presente en mi próxima aventura; no puedo desprenderme de ella.
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