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Escribirle fue mi forma de seguir caminando con él”: la historia real que está emocionando a miles de lectores

Tatiana Valero Maynar – Juntos a través de las cartas

En Juntos a través de las cartas escribes a Juan cuando ya no está físicamente. ¿En qué momento sentiste que necesitabas escribirle?
Juan era la persona a la que le contaba todo. Justo unos días antes de que falleciera, cuando ya no podía hablar con él, sentí por primera vez la necesidad de escribirle. Me fui a la habitación de al lado y escribí todo lo que sentía en ese momento. Y cuando falleció, esa necesidad volvió a aparecer. Sentí que necesitaba seguir compartiendo con él mi día a día, las cosas cotidianas, mis miedos y mis pequeños avances, en una nueva etapa de la vida que se abría delante de mí y en la que no sabía muy bien cómo manejarme sin él.

Era una forma de prolongar su presencia, de seguir sintiéndolo cerca, de alargar la sensación de seguridad que me daba cuando estaba a mi lado. Y con el tiempo, conforme fui escribiendo las siguientes cartas, sentí que sería bonito recogerlas en un libro, porque quizá podían acompañar a otras personas que también estuvieran aprendiendo a vivir sin alguien a quien aman.

Tras “Nuestro último año juntos”, llega “Juntos a través de las cartas”. ¿Qué los une y en qué se distinguen?
Ambos libros están unidos por una misma pérdida. Son íntimos, emocionales y están llenos de amor, pero cada uno se sitúa en un momento distinto y tiene una estructura diferente.

Nuestro último año juntos relata, de forma bastante cronológica y casi a modo de diario, cómo fue el último año que pasamos juntos desde el diagnóstico de cáncer —en concreto de un glioblastoma— hasta su fallecimiento. Habla de la enfermedad, del acompañamiento, de las decisiones difíciles, de los miedos y de los momentos compartidos.

Juntos a través de las cartas, en cambio, nace después. Es un conjunto de cartas de amor escritas a lo largo de un año tras su muerte. En ellas comparto la vida que continúa: los pequeños gestos del día a día, los logros, las dudas y el proceso de adaptación a una vida sin él. Son un hilo invisible que mantiene el vínculo y que me ayudó a aprender a caminar sola.

Hablas de un amor que no termina, sino que se transforma. ¿Es posible sostener ese amor en la ausencia sin quedar atrapada en el pasado?
Sí, es posible. El amor continúa más allá de la muerte. Cuando alguien fallece, el amor no desaparece. De hecho, el dolor es proporcional a lo que has amado; es el precio justo por haber amado.

Tras una pérdida, hay un proceso interno de reequilibrio. Hay que aceptar muchas cosas y adaptar otras: desde la logística diaria hasta el lugar que esa persona ocupa ahora en tu vida. El vínculo cambia de forma: de físico pasa a ser espiritual. No es fácil, porque duele, pero encontrar esa nueva manera de llevar el amor contigo te permite avanzar. Yo incorporé actividades que a él le gustaban, preparé nuestros platos favoritos y le escribí cartas para recordarlo desde la vida que seguía delante de mí, no desde el pasado.

En el libro te conviertes en “capitana de la familia” tras la pérdida. ¿Cuál fue el mayor reto emocional de asumir ese rol sin dejar de permitirte la fragilidad?
Ha sido y sigue siendo un reto enorme. Pasar de llevar el barco entre dos a quedarme sola como capitana no fue algo elegido. Juan analizaba escenarios, valoraba pros y contras. Yo era más impulsiva y me ocupaba de los detalles y de la parte emocional.

El reto fue asumir ese rol a mi manera: marcar el ritmo, tomar decisiones, planificar, sin descuidar la parte emocional de mis hijos y la mía propia. No siempre lo consigo. Hay momentos difíciles, hay límites que poner y eso duele. Pero con el tiempo el balance es positivo. Confío en que mis hijos crezcan fuertes, capaces de afrontar lo que la vida les traiga.

Eres coach y experta en inteligencia emocional, pero aquí escribes desde la herida. ¿Fue difícil gestionar el dolor mientras lo atravesabas?
El dolor forma parte de la vida. No estamos aquí para evitarlo, sino para atravesarlo. No es cómodo ni fácil, pero cuando llega es importante entender de dónde viene.

Para mí fue clave comprender que el dolor no era un castigo, sino la consecuencia natural de haber amado profundamente. Era proporcional al amor. Con Juan el vínculo era único, por eso el dolor fue inmenso. Pero incluso en medio del llanto había amor. Muchas veces lloraba y sonreía al recordarlo. Lloraba de amor.

El lector acompaña los primeros meses, celebraciones y rutinas sin Juan. ¿Qué fue más duro: las grandes fechas señaladas o los pequeños gestos cotidianos?
Todo tiene su dificultad. Los pequeños gestos se repiten cada día y eso permite ir enfrentándolos poco a poco. Las fechas señaladas, en cambio, llegan solo una vez al año. Hay menos oportunidades para integrarlas emocionalmente.

Mientras avanzas con las rutinas y empiezas a sentir cierta estabilidad, la llegada de una fecha importante puede reabrir la herida. Por eso creo que, aunque el día a día es durísimo, las fechas señaladas pueden resultar aún más complejas.

La escritura aparece como tabla de salvación. ¿En qué momento te diste cuenta de que escribir no solo te sostenía a ti, sino que podía sostener a otros?
Mientras escribía el primer libro, empecé a notar que ordenar lo que vivía me ayudaba a comprenderlo. Pensé que a mí me habría gustado leer algo así. Y si a mí me habría ayudado, quizá también podría ayudar a otros.

En el caso de Juntos a través de las cartas, sentí que compartir esas cartas podía animar a otras personas a escribir a sus seres queridos, a hablar con ellos o a escuchar lo que les dicte el corazón.

Has vivido pérdidas muy seguidas en el tiempo. ¿Cómo cambia la mirada sobre la vida cuando el duelo deja de ser una excepción y se convierte en parte del camino?
Cuando vives pérdidas tan significativas en poco tiempo, cambia tu perspectiva. Cambian tus prioridades y tu relación con el tiempo. La muerte me hizo replantearme lo verdaderamente importante y tomar conciencia de que todo puede cambiar en un instante.

No lo viví como un castigo, sino como una parte inevitable de la vida. Hoy siento que esas pérdidas me enseñaron a vivir más en el presente, con aceptación, y a cuidar lo más valioso que tengo: el tiempo que la vida me regala cada día.

Si Juntos a través de las cartas pudiera ofrecer una sola cosa al lector que está atravesando una pérdida, ¿qué te gustaría que fuera: consuelo, permiso, compañía… o algo distinto?
Me gustaría que ofreciera permiso. Permiso para vivir el duelo a su manera: llorar cuando lo necesiten, reír si les apetece, escribir o hablar con su ser querido si lo sienten.

Que sepan que no están solos. Que el amor sigue presente, incluso cuando duele la ausencia.

Tatiana Valero Maynar – Juntos a través de las cartas

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Categorías: Entrevistas
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