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Escribió este libro 20 años después de perderlo todo… y no fue para mirar atrás

Isabel Esteban – La voz quebrada

Este libro nace como homenaje al padre de tus hijos y a tu propia lucha contra el cáncer. ¿Cuál fue el instante exacto en el que entendiste que esta historia debía ser escrita y compartida?

El año pasado se cumplieron 20 años desde el fallecimiento de mi marido y esa fecha tan redonda fue la que me hizo pensar que, quizá, fuera el momento de contar esta historia, tanto como homenaje a todo lo que él fue y supuso para mí, como para devolver de alguna manera a la Asociación de Ayuda Contra el Cáncer el apoyo que me prestaron entonces.

En el prefacio hablas con una honestidad brutal sobre sacar a la luz recuerdos dolorosos sin buscar pena, sino comprensión. ¿Qué fue lo que más te costó enfrentar mientras escribías?

Una experiencia como la que cuento en el libro saca a la luz lo mejor de muchas personas, pero también lo peor, así hubo gente de la que esperaba mucho y luego no supo estar a la altura y me decepcionaron o, directamente, se portaron muy mal. Hacer frente a esos recuerdos, que no cuento en el libro porque no era su objeto, fue sin duda lo más difícil y doloroso para mí.

En capítulos como “La noticia” o “Vivir en hospital” se aprecia una mirada íntima al shock, la rutina médica y el desgarro diario. ¿Cómo conseguiste escribir desde un dolor tan crudo sin perder claridad ni belleza?

El hecho de haber esperado 20 años para escribirlo y poder tener esa distancia para contemplar aquellos hechos, sin duda ha ayudado mucho, así como el poder contemplar mi vida actual y comprobar cómo, a pesar de todo el dolor vivido, hemos salido adelante y, especialmente, verlo reflejado en mis hijos que, afortunadamente, hoy son felices y con un futuro muy prometedor por delante. Además, supongo que el ser poeta también es algo innato a esa búsqueda de la belleza en cualquier texto.

Esta es tu primera incursión en la prosa y también en una nueva técnica pictórica. ¿Por qué sentiste que esta historia necesitaba ser contada con otro lenguaje artístico diferente al que venías utilizando?

En cuanto al estilo literario, es evidente que, al ser una narración autobiográfica, este libro necesitaba ser contado en prosa. Más aún si tenemos en cuenta que la poesía es un género de muy difícil venta y que genera, no diría yo, rechazo, pero sí una cierta prevención por parte de mucha gente, y yo lo que quería es que este libro se vendiera lo máximo posible, para poder ayudar a la lucha contra el cáncer. Además y, sobre todo, que se leyera, para poder ayudar a aquellas personas que estuvieran pasando por una situación similar a la que yo viví. De ahí el escribirlo en prosa.
En cuanto al estilo de las ilustraciones, me costó mucho decidirlo. Por un lado, quería hacer referencia a los lugares en los que mi marido vivió y fueron especiales para él, así como para nuestra historia de amor. Por otro lado, en realidad lo que cuento aquí es un viaje emocional de una parte muy importante de mi vida, así que eso fue lo que me decidió a usar el estilo “sketcher” de dibujo abocetado combinado con acuarela, que es el estilo que se suele utilizar para ilustrar los cuadernos de viajes.

Las ilustraciones interiores y la portada son tuyas. ¿Qué significado emocional tiene para ti unir palabra e imagen en una obra tan marcada por la pérdida y la fortaleza?

Yo me siento escritora y pintora. Cuando estudiaba en el instituto mis profesores de Literatura me animaban a escribir y los de dibujo me insistían en que estudiara Bellas Artes, porque ambas facetas siempre han formado una parte indivisible de mi esencia vital. Por ello, nunca me he planteado otra opción que no sea la de ilustrar mis propios libros, tanto más cuando el tema tratado en La voz quebrada es una parte de mi propia vida.

Isabel Esteban – La voz quebrada

Dices que deseas que este libro ayude a pacientes y familiares. ¿Qué mensaje concreto te gustaría que encontraran quienes hoy atraviesan un proceso de cáncer en su vida?

Que sepan que no están solos, que lo que han vivido ya lo han vivido otras muchas personas antes y han salido de ello y que, a pesar de todo, la vida sigue. Que pueden encontrar ayuda como la encontré yo y que todo final puede ser el comienzo de algo nuevo, no necesariamente ni mejor ni peor, sino tan solo diferente e igual de pleno.
Y también que, a veces, y por difícil que parezca, de esas desgracias pueden nacer otras felicidades y tener un sentido. Hoy, seguramente debido a lo que narro en el libro, mi hija es investigadora en la lucha contra el cáncer y puede que sus descubrimientos lleguen a salvar muchas vidas. Si Amancio no hubiera fallecido, todas esas cosas no hubieran sucedido y nuestras vidas serían hoy completamente distintas. No mejores ni peores, sino diferentes.

En muchos pasajes del libro aparece el aprendizaje de vivir con ausencia, con cambios radicales y con decisiones que “quiebran el flujo predecible de la vida”. ¿Qué aprendizaje personal te ha dejado esa ruptura?

He aprendido que hay que ser consciente de que la vida es impredecible, es cambio, y que no puedes dar nada por sentado ni asegurado. Por eso hay que vivir y disfrutar el día a día y no dejar pasar las cosas que deseas hacer. Yo quise hacer muchas cosas con Amancio que fuimos postergando y al final no llegaron a cumplirse porque ya no está.
Por eso ahora, cuando tengo una ilusión, trato de no postergarla. Este año cumplí 60 años y, para celebrarlo, me apetecía hacer un viaje especial a un país lejano… y a China que me he ido.

Como artista multidisciplinar, ¿qué ha aportado tu experiencia previa en poesía, ilustración y pintura a la construcción emocional de La voz quebrada?

Mi experiencia me ha enseñado a depurar el lenguaje y la manera de expresar las emociones, a saber cómo transmitirlas para que lleguen a quien lee. También me ha enseñado a unir palabra e imagen para que formen un todo que ayude a transmitir sentimientos y emociones, aunque es un proceso que me lleva mucho trabajo de revisión.

¿Qué esperas que sienta un lector cuando cierre este libro: consuelo, acompañamiento, esperanza… o simplemente la certeza de que no está solo en su dolor?

Todas esas cosas y, sobre todo, que se emocione. Emocionarse no es malo, es necesario y sanador. Mucha gente me ha confesado que ha llorado leyendo el libro, pero sin vergüenza. Y, a pesar de esas lágrimas, muchos me dicen que al final se han sentido reconfortados y con ganas de volver a leerlo.
Eso era lo que esperaba: ayudar a aprender a vivir de otra manera después del dolor, de la misma forma que a mí me ayudaron a encontrar ese camino.

Isabel Esteban – La voz quebrada

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Categorías: Entrevistas
Etiquetas: Isabel Esteban
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