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El libro que te obliga a replantearte todo lo que creías sobre el bien y el mal

P. Germa – Gabelith, el equilibrio de los reinos

1. Gabelith plantea un universo donde luz y oscuridad no se enfrentan, sino que se necesitan. ¿De dónde nace esa idea de equilibrio en lugar de conflicto?
De dos lugares muy distintos que se cruzaron. Por un lado, de un sueño. Hay imágenes que te persiguen al despertar y que no puedes explicar del todo racionalmente; una de ellas fue el origen de este universo: dos fuerzas que no se destruían sino que se buscaban. Por otro lado, de una insatisfacción profunda con la narrativa binaria. Desde niño, las historias de bien contra mal me parecían cómodas, no verdaderas. La realidad no funciona así. La luz sin sombra no es iluminación, es ceguera. El sueño me dio la imagen; la reflexión me dio el porqué.

2. El prólogo habla de una «Gran Separación» entre Dios y Satanás como fuerzas complementarias, no enemigas. ¿Buscabas romper la visión clásica del bien contra el mal?
No exactamente romperla, sino devolverle la ambigüedad que le habían quitado. El Génesis, la mitología griega, incluso el zoroastrismo: todas las grandes tradiciones tienen momentos donde los opuestos son hermanos, no enemigos. Yo no inventé nada nuevo; recuperé algo que el pensamiento simplificador había borrado. Que Dios y Satanás sean fuerzas complementarias no es blasfemia, es coherencia cosmológica.

3. Gabriel y Lilith están destinados a no cruzarse… pero lo hacen. ¿Qué te interesa más: el destino que impone límites o la voluntad que los rompe?
La fricción entre los dos. Si no hay destino, la voluntad no cuesta nada. Si no hay voluntad, el destino es solo mecánica. Lo que me fascina es ese momento exacto donde un ser consciente mira lo que está escrito para él y decide de todas formas. Gabriel y Lilith no se cruzan por accidente ni por rebeldía adolescente. Se cruzan porque algo en ellos reconoce que el límite es, en sí mismo, una invitación.

4. La relación entre Gabriel y Lilith va más allá del amor: llega a convertirse en Gabelith. ¿Qué representa realmente esa unión a nivel humano?
La síntesis como acto de amor más alto. No me refiero al amor romántico al uso, sino a algo más radical: la capacidad de abrazar lo que te es opuesto sin intentar convertirlo en tu reflejo. Gabelith no es una fusión que borra diferencias; es una unión que las preserva y las hace fecundas. A nivel humano, creo que eso es lo más difícil y lo más necesario: amar sin colonizar.

5. En tu novela, el Paraíso puede resultar estático y el Infierno, en cambio, vivo y cambiante. ¿Es una crítica a los extremos, incluso a los que consideramos «perfectos»?
Sí, y es deliberada. Un paraíso estático no es una utopía, es un museo. La perfección que no puede evolucionar es otra forma de muerte. El Infierno en Gabelith no es glorificado, pero tiene algo que el Paraíso ha perdido: movimiento, contradicción, hambre. No estoy diciendo que el caos sea mejor que el orden. Estoy diciendo que cualquier sistema que se congela en su propia perfección empieza a pudrirse por dentro.

P. Germa – Gabelith, el equilibrio de los reinos

6. Hay una carga filosófica clara en la obra. ¿Es primero la historia… o primero la reflexión que quieres provocar en el lector?
Siempre primero la pregunta. Antes de tener personajes, tenía una pregunta que me incomodaba: ¿y si lo que llamamos mal fuera simplemente lo que no entendemos todavía? A partir de ahí nace la historia, los personajes, la mitología. Pero la pregunta es el motor. Si la reflexión no está en el origen, la historia puede ser entretenida, pero difícilmente te perseguirá después de cerrar el libro.

7. Después de años construyendo este universo, ¿qué fue lo más difícil: crear la mitología… o darle coherencia emocional a los personajes?
La coherencia emocional, sin duda. Construir una cosmología es un ejercicio intelectual; puedes diseñarla, revisarla, ajustar sus reglas. Pero conseguir que Gabriel sienta miedo de forma creíble, que Lilith desee algo que ni ella misma puede nombrar… eso no se construye, se descubre. Y a veces tardas semanas en encontrar la frase exacta que lo hace real. La mitología era arquitectura. Los personajes eran arqueología.

8. Compaginas una carrera exigente como key account manager con la escritura de una saga ambiciosa. ¿Disciplina o obsesión?
Obsesión organizada. La disciplina sola no te lleva a una saga; te lleva a cumplir plazos. Lo que me mueve es una obsesión genuina con estas preguntas, estos personajes, este universo. Pero la obsesión sin estructura produce caos, no libros. Así que aprendí a darle a esa obsesión un horario, un método, un orden. No escribo a pesar de mi trabajo; escribo porque necesito ese otro espacio donde las reglas las pongo yo.

9. Escribes en español siendo de origen francés. ¿Sientes que eso te da una mirada diferente o incluso una ventaja narrativa?
Creo que sí, aunque no de manera que hubiera podido prever. Mi historia personal ya era una síntesis antes de que lo fuera mi literatura: madre andaluza, padre catalán, criado con el francés como lengua de formación. Soy, en cierto modo, un producto de varios mundos que aprendieron a coexistir. Cuando escribes en una lengua que has elegido con conciencia, no hay nada automático: cada palabra pesa, cada giro idiomático es una decisión. Eso obliga a una precisión que quizás un hablante monolingüe daría por sobreentendida. Y hay algo más: Sitges, donde vivo, tiene una identidad mediterránea muy particular que el español captura de un modo que el francés no podría. Todo eso está en el libro, aunque no se vea a simple vista.

10. Tu obra mezcla épica, filosofía y emoción. ¿A qué lector buscas realmente: al que quiere evadirse o al que quiere cuestionarse?
Al que no sabe todavía que quiere las dos cosas. El lector que viene a evadirse y de pronto se encuentra con una pregunta que no puede ignorar: ese es el encuentro que me interesa. No quiero sermonearlo ni incomodarlo gratuitamente. Quiero que cuando cierre el libro sienta que ha viajado lejos y que, sin haberlo buscado, ha vuelto sabiendo algo sobre sí mismo que antes no sabía.

11. Dices que hay que leer un artículo previo antes de empezar Gabelith. ¿Qué se está perdiendo el lector que entra «a ciegas» en la historia?
El mapa antes del territorio. Gabelith tiene una cosmología propia, con sus propias reglas sobre luz, oscuridad, tiempo y libre albedrío. Pero hay algo más: el lenguaje mismo es parte de la historia. Existe un artículo en el blog —¿Y si el lenguaje también fuera parte de la historia?— que explica por qué Gabriel, Lilith o Azrael no hablan como hablaría alguien del siglo XXI, por qué se suprimen artículos en ciertos momentos, por qué el guion dramático funciona como un zoom cinematográfico. Quien llega sin eso puede disfrutar la historia, pero le costará más entender que lo que a veces parece diferente no es un error: es una decisión. Como ver una película de Kubrick sin saber nada de él: puedes sentirla, pero te pierdes la capa que la hace realmente perturbadora.

12. Gabelith es solo el inicio de una saga. ¿Tienes claro el destino final de este universo o también tú lo estás descubriendo mientras escribes?
Tengo clara la dirección, no todos los pasos. Sé dónde quiero que llegue este universo; sé cuál es la pregunta final que debe quedar resonando cuando se cierre el último libro. Pero los personajes tienen una forma de sorprenderte. A veces una escena lleva a otra que no habías planeado y es mejor que todo lo que habías imaginado. Controlo la arquitectura; la vida del edificio la descubro al habitarlo.

13. Si alguien termina Gabelith, ¿qué te gustaría que le incomodara más: sus creencias… o su forma de entender el bien y el mal?
Su forma de entender el bien y el mal, que en el fondo es lo mismo que sus creencias más íntimas. Lo que me interesa no es que el lector salga con las ideas revueltas de forma superficial, sino que ya no pueda usar esas palabras —bien, mal, luz, oscuridad— con la misma comodidad de antes. Que se dé cuenta de que llevaba toda la vida usando categorías heredadas sin haberlas examinado nunca. Gabelith no da respuestas sobre qué es el bien. Pero sí intenta hacer que esa pregunta duela un poco más de lo que dolía antes de abrir el libro.

P. Germa – Gabelith, el equilibrio de los reinos

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Categorías: Entrevistas Portada
Etiquetas: P.Germa
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