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Bellatrix o cómo reescribir la historia cuando las mujeres dejan de ser notas al pie

María Casquero Revilla - Bellatrix

Bellatrix reúne veinticinco vidas muy distintas. ¿En qué momento comprendiste que el libro necesitaba ser un mapa estelar de voces y no un conjunto de retratos individuales?
Lo comprendí cuando vi que ninguna de estas mujeres se explicaba del todo en soledad. Cada historia ganaba sentido al dialogar con las demás. No quería un libro de figuras aisladas, sino una constelación: un espacio donde ciencia, poder, arte, resistencia y pensamiento se iluminaran mutuamente. Bellatrix nace cuando entendí que la fuerza estaba en el conjunto, no en la estrella única.

El libro se mueve entre el rigor histórico y la emoción narrativa. ¿Cómo decides hasta dónde llega la documentación y en qué momento entra la escritura literaria?
La decisión siempre pasa por el respeto. La documentación sostiene los hechos, el contexto y las decisiones reales; la escritura literaria entra para explorar la dimensión humana, aquello que los archivos no registran a menudo: la duda, el miedo, la intuición, la contradicción. Me permito imaginar el latido emocional que los acompaña. La literatura comienza allí donde el documento guarda silencio.

¿Cuál fue el criterio decisivo para seleccionar a estas veinticinco mujeres y asumir, inevitablemente, la exclusión de muchas otras igualmente relevantes?
Me interesaban mujeres que hubieran desplazado límites del conocimiento, del poder, del lenguaje y de la justicia. Busqué también diversidad temporal y geográfica, para mostrar que la exclusión y la resistencia no son episodios aislados, sino estructuras que se repiten. Dejar fuera a muchas fue doloroso, pero Bellatrix no pretende ser exhaustivo: su objetivo es abrir puertas y despertar preguntas que siguen vigentes hoy.

Muchas de las protagonistas fueron invisibilizadas en su tiempo. ¿Cuál de sus historias te resultó más injustamente silenciada mientras investigabas?
La de Rosalind Franklin es especialmente paradigmática: una aportación esencial borrada del relato oficial. Pero también me marcó profundamente Blanche Monnier, porque su silencio no fue simbólico, sino impuesto por una violencia familiar y social extrema. En ambos casos, el olvido no fue casual: fue una forma de control.

El tono del libro es íntimo y casi confesional en algunos pasajes. ¿Cómo se construye esa cercanía con personajes históricos sin caer en la idealización?
Aceptando sus contradicciones. No me interesaban heroínas inalcanzables, sino mujeres reales, con dudas, cansancio y conflictos. La cercanía nace de renunciar a la hagiografía y escribir desde la escucha. Mostrar la fragilidad no las empequeñece; las vuelve humanas y, por tanto, más verdaderas.

Ciencia, política, arte, poder, activismo… Bellatrix cruza muchos territorios. ¿Qué tienen todas ellas en común más allá de ser mujeres excepcionales?
Todas desobedecieron un límite impuesto. A veces desde la rebeldía explícita, otras desde la persistencia silenciosa. Insistieron cuando no había espacio para ellas. Y, de una forma u otra, entendieron que su acción no era solo individual: cada paso que daban abría un camino para otras.

Como técnica superior en igualdad de género, ¿cómo ha influido tu formación en la estructura y el enfoque del libro?
Ha sido fundamental. Me ha permitido identificar patrones de exclusión, mecanismos de borrado y violencias simbólicas que atraviesan siglos y contextos distintos. Bellatrix no es una suma de biografías, sino una estructura pensada para evidenciar sistemas: quién narra la historia, quién queda fuera y por qué. Esa mirada atraviesa la selección, el orden y los anexos de la obra.

María Casquero Revilla – Bellatrix

¿Hubo algún relato que te resultara especialmente difícil de escribir a nivel emocional?
Sí. Los relatos donde la violencia es el eje central, como Blanche Monnier o Minerva Mirabal, fueron especialmente duros. Pero también lo fueron las historias de mujeres brillantes relegadas durante toda su vida, como Johanna Bonger o Rosalind Franklin. Era difícil mostrar la injusticia y el dolor sin convertirlos en un recurso literario.

El epílogo habla de memoria, herencia y futuro compartido. ¿Qué diálogo esperas que se genere entre estas mujeres del pasado y los lectores de hoy?
Un diálogo activo. No quería un cierre nostálgico, sino una pregunta abierta. Estas mujeres no hablan solo desde el pasado, sino desde una herencia que aún está en disputa. Me interesa que el lector se pregunte qué hace hoy con esa memoria y cómo continúa ese hilo.

El libro no solo homenajea, también interpela. ¿Crees que todavía seguimos viviendo en una historia contada a medias?
Sí. Mientras sigamos descubriendo —o redescubriendo— a mujeres fundamentales que no estaban en los relatos dominantes, la historia seguirá incompleta. No se trata solo de añadir nombres, sino de revisar el marco desde el que se ha contado el mundo.

¿Qué te gustaría que sintiera un lector o lectora al cerrar Bellatrix por última vez?
Me gustaría que sintiera admiración, pero también una inquietud fértil: esa mezcla de asombro y responsabilidad que deja una historia que continúa más allá de sus páginas. Que cerrara el libro con la sensación de que estas vidas no terminan ahí, que cada decisión, cada sueño y cada resistencia resuena en nuestro presente. Y que se reconozca parte de ese coro de luces, porque la memoria y la acción no pertenecen solo a ellas: nos atraviesan a todos los que seguimos mirando hacia arriba, guiados por sus faros y trazando nuestros propios caminos luminosos.

Después de esta constelación de voces femeninas, ¿sientes que este libro marca un antes y un después en tu manera de escribir?
Sí. Bellatrix me ha enseñado a escribir desde la pluralidad sin perder profundidad, a escuchar cada voz con respeto y a asumir con mayor claridad la dimensión ética y política de la escritura. Esta creación me recordó que cada palabra tiene poder: puede reparar silencios, cuestionar estructuras y abrir espacios donde antes hubo exclusión y olvido. Después de Bellatrix, escribo con la conciencia de que narrar no es solo contar historias, sino hacer visibles vidas que podrían permanecer ocultas y tender puentes entre el pasado y quienes seguimos construyendo el presente.
Y si algo deseo que quede del libro, es que cada lector sienta que tiene en sus manos la responsabilidad y la posibilidad de seguir iluminando los rincones de la historia que aún esperan ser contados.

María Casquero Revilla – Bellatrix
Categorías: Entrevistas
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