El silencio y la indiferencia nos convierten en cómplices de la violencia de género

El silencio y la indiferencia nos convierten en cómplices de la violencia de género

En 2012 publicaste tu primera novela, ¡No me hagas daño!, una obra que aborda la violencia de género a través de cuatro historias de ficción. ¿Qué te llevó a convertir una realidad tan dolorosa en el punto de partida de tu trayectoria literaria?

Escribir siempre ha sido mi gran pasión, pero al principio lo vivía como un sueño lejano, sin plantearme publicar. El verdadero detonante fue vivir de cerca el proceso de una de mis mejores amigas, que sufrió violencia de género. Canalizar esa impotencia en la escritura se convirtió en mi forma de denuncia. Cuando publiqué ¡No me hagas daño!, la violencia machista ya era una dolorosa realidad. Hoy, más de una década después, por desgracia, sigue siendo una herida abierta. Mi amiga fue el motor de estas cuatro historias de ficción.

Has contado que una de tus mejores amigas estaba viviendo una situación de violencia de género cuando comenzaste a escribir esta novela. ¿Cómo influyó esa experiencia tan cercana en tu manera de construir la historia y los personajes?

Influyó, sobre todo, en la crudeza y el respeto con los que decidí abordar las cuatro historias. Vivir aquello tan de cerca con una persona querida me hizo comprender que no podía edulcorar la realidad. Debía plasmar el impacto psicológico real en los personajes, huyendo de los clichés. Quería que la novela reflejara fielmente esa realidad dolorosa que a menudo se queda fuera de los titulares de prensa. Por eso, cuando estoy en una firma o feria del libro, siempre advierto a los lectores que es una lectura intensa que requiere cierta preparación emocional, pero que busca, ante todo, abrazar a quienes han pasado por algo similar.

Tu amiga fue una de las primeras personas en leer el libro y, tanto ella como su madre, te agradecieron que lo hubieras escrito. ¿Qué significó para ti aquel reconocimiento, especialmente viniendo de dos personas que conocían tan de cerca el sufrimiento que retratabas?

Mi amiga siempre ha sido una persona muy valiente que nos ha dado verdaderas lecciones de vida a todos los que la rodeamos. Que tanto ella como su madre se fundieran conmigo en un abrazo y me dieran las gracias por haberlo escrito fue algo que me emocionó muchísimo; para mí fue la mayor validación de que había tratado su sufrimiento con el respeto y la verdad que merecía.

Han transcurrido catorce años desde la publicación de ¡No me hagas daño! y, lamentablemente, la violencia de género continúa siendo una realidad cotidiana. ¿Qué sentimientos te provoca comprobar que el mensaje de tu primera novela sigue siendo tan necesario?

Me provoca una profunda rabia e impotencia. Es evidente que, como sociedad,  hay algo que estamos haciendo muy mal. Además, me preocupa enormemente ver cómo comportamientos que deberían activar todas las alarmas se reproducen hoy en día entre los más jóvenes.

En la novela conocemos a mujeres como Pilar, Sarah, Elisa y Valeria, cuyas vidas están marcadas de diferentes maneras por la violencia. ¿Qué buscabas transmitir a través de sus historias y qué importancia tenía para ti mostrar distintas perspectivas de una misma problemática?

Quería transmitir que la violencia nunca es un hecho aislado. Cuando una mujer la sufre, no sólo se destruye su mundo, sino también el de su entorno, incluyendo a su familia y amigos. Al entrelazar las vidas de Pilar, Sarah, Elisa y Valeria, mi intención era demostrar que la violencia tiene múltiples rostros. Por eso para mí era vital incluir una realidad muy silenciada de la que apenas se habla: la violencia de los hijos hacia los padres, que marca la historia de una de ellas. Mostrar estas distintas perspectivas me permitió explorar no sólo el dolor físico o psicológico directo, sino las diferentes formas en que las mujeres resisten, se rompen y se reconstruyen, frente a situaciones tan devastadoras.

Uno de los aspectos más difíciles de comprender desde fuera es por qué muchas mujeres permanecen junto a sus agresores. ¿Crees que la literatura puede ayudar a entender los mecanismos del miedo, la dependencia emocional y la manipulación que se esconden detrás de estas situaciones?

Es una pregunta compleja. Lo primero que me gustaría destacar es que esta situación la puede vivir cualquier persona, independientemente de su clase o estatus social. Los maltratadores, por lo general, son muy hábiles a la hora de aislar a las mujeres de su entorno y anularlas por completo. Ese aislamiento, sumado al miedo, explica en gran parte por qué permanecen al lado de su agresor.

Respecto a la literatura, creo que quienes están en verdadera disposición de explicar a fondo los mecanismos psicológicos de la manipulación y la dependencia son los profesionales de la salud mental. Con mi novela no pretendo dar ninguna lección ni sentar cátedra, pero sí creo que la ficción tiene el poder de generar empatía y visibilidad. Me daría por satisfecha si la lectura de esta historia ayudara a alguien a detectar esas red flags a tiempo.

A lo largo de la obra aparecen sentimientos como la culpa, la vergüenza, el miedo y la inseguridad. ¿Cuál de estas emociones te resultó más difícil trasladar al papel y por qué?

Escribir sobre la psicología de la violencia de género es un reto inmenso porque estas cuatro emociones forman un entramado muy complejo. Si tuviera que elegir la más difícil de plasmar, diría que la culpa. Es una emoción profundamente injusta, pero muy presente en las víctimas, quienes a menudo se cuestionan si pudieron hacer algo diferente. Lograr que el lector empatice con ese autorreproche, sin juzgar al personaje y reflejando el dolor real que eso causa, me exigió un trabajo sumamente delicado. Al final, plasmar cualquiera de estos sentimientos exige un respeto absoluto por la realidad que representan.

Las personas que rodean a las víctimas también tienen un papel importante en estas historias. ¿Qué reflexión querías provocar en los lectores sobre la responsabilidad de familiares, amistades y personas cercanas a la hora de detectar y afrontar una situación de maltrato?

Para mí era fundamental visibilizar que el maltrato nunca es un problema privado. La responsabilidad de los familiares y amigos no es convertirse en jueces ni en salvadores, sino en redes de seguridad. Quería que el lector se preguntara: ¿Qué haría yo si viera estas señales en alguien a quien quiero? A menudo la víctima está demasiado anulada psicológicamente como para pedir ayuda. Por eso es vital que familiares y amigos tengan la lucidez de detectar el aislamiento o el miedo, y el valor de dar ese primer paso.

Ana Isabel Martín Rebollo - ¡No me hagas daño
Ana Isabel Martín Rebollo – ¡No me hagas daño

Escribir sobre la violencia de género exige una sensibilidad especial para no convertir el sufrimiento en un simple recurso narrativo. ¿Cómo encontraste el equilibrio entre construir una novela capaz de atrapar al lector y tratar con el respeto necesario una realidad tan delicada?

El verdadero desafío al escribir sobre la violencia de género radica en alejar la historia del morbo y del sensacionalismo. Para lograrlo, quise poner el foco en la dignidad de las protagonistas y no sólo en el daño. Una novela atrapa al lector cuando los personajes se sienten vivos y complejos, con un pasado y unos miedos, pero también con una fuerza interna. El interés de la trama no nace de ver cuánto sufren, sino de acompañarlos en sus procesos.

Si pudieras sentarte hoy frente a aquella Ana Isabel que publicó ¡No me hagas daño! en 2012, ¿qué le dirías? ¿Cambiarías algo de la novela con la experiencia personal y literaria que has adquirido desde entonces?

A la Ana de 2012 le diría que su vida está a punto de dar un giro de ciento ochenta grados, que confíe en su instinto y que pierda el miedo en dar a conocer su obra. Si volviese a escribirla hoy, reescribiría algunas partes. Con los años, es natural que el estilo y la manera de narrar evolucionen. Sin embargo, no tocaría un solo ápice de la trama ni de su esencia. La novela refleja fielmente quién era yo en ese momento, la pasión con la que nació y el impulso que me llevó a crearla. Y eso merece quedarse intacto.

El próximo 18 de noviembre participarás en unas jornadas dedicadas a la prevención de la violencia de género, donde hablarás de esta novela y del resto de tu bibliografía. ¿Qué supone para ti que tu primera obra siga encontrando espacios desde los que contribuir a la sensibilización social?

Para mí es una gran responsabilidad. Uno de mis mayores deseos al escribir mi primera obra era conectar con los lectores. Ver que el tiempo pasa y que el libro sigue vivo es el mayor regalo que puede recibir un autor. Que esta historia continúe sirviendo como herramienta para la sensibilización contra la violencia de género demuestra que la literatura no sólo acompaña, sino que también transforma.

Participar en estas jornadas el próximo 18 de noviembre me permite conectar los inicios de mi carrera con mi bibliografía posterior, reafirmando mi compromiso con una causa que nos afecta a todos. Saber que mis palabras aportan un granito de arena para abrir debates necesarios, educar y dar visibilidad a esta realidad es el motor que me impulsa para seguir escribiendo.

Vivimos en una época en la que las redes sociales también influyen en la manera de entender las relaciones sentimentales, especialmente entre los jóvenes. ¿Consideras que estamos avanzando en la identificación de las conductas de control y maltrato o crees que algunas formas de violencia se están normalizando?

Creo que estamos avanzando en la visibilización y denuncia de estas conductas gracias a la información disponible. Sin embargo las redes sociales también han facilitado dinámicas de control y manipulación que muchos jóvenes confunden con muestras de afecto.

Es un tema que veo de cerca y me preocupa especialmente como madre de una hija de quince años. Observo a diario cómo se relacionan algunos jóvenes de su entorno. Por eso, el gran reto actual no es sólo darles herramientas para identificar el maltrato cuando ya ocurre, sino trabajar a fondo en la educación emocional y el pensamiento crítico (tanto en casa como en las aulas), para evitar que esas conductas se normalicen.

Antes de dedicarte exclusivamente a la escritura desarrollaste tu trayectoria profesional en ámbitos relacionados con las relaciones laborales y la prevención de riesgos. ¿De qué manera ha influido esa experiencia en tu forma de observar los comportamientos humanos y construir personajes?

Ha influido muchísimo. El entorno laboral es un reflejo a pequeña escala de la sociedad. Dedicarme a la gestión de las relaciones laborales y la seguridad me sirvió para agudizar la observación y entender cómo reaccionan las personas ante el estrés o cómo se protegen frente al riesgo, lo que me permite dotar a mis  personajes de una psicología más auténtica y humana. De hecho, la profesión de Sarah y Javier, en ¡No me hagas daño!, o la de Nuria, en A través del miedo, nacen directamente de esas vivencias, apuntando una base de realismo muy firme sobre la cual luego me permito hacer volar la imaginación.

Desde tu debut literario has publicado otras cuatro obras, entre ellas El diario de Mar O´Neil, Atrapados en el Atenea Palace, Si pudiera contarte y A través del miedo. ¿Cómo ha evolucionado tu manera de escribir durante estos años y qué inquietudes siguen impulsándote a contar nuevas historias?

Catorce años dan para mucho, y la evolución ha sido tanto formal como temática. Atrapados en el Atenea Palace, por ejemplo, supuso un gran cambio de registro que nació el día que mi hija me preguntó si podía escribir algo que ella también pudiera leer, un reto personal que transformó mi forma de narrar. Lo fascinante es que la literatura te lleva por caminos inesperados. Sin planearlo, terminé tejiendo un universo conectado entre ¡No me hagas daño!, Atrapados en el Atenea Palace, Si pudiera contarte y A través del miedo. Son cuatro historias independientes, pero unidas por hilos invisibles que el lector puede ir descubriendo.

En cuanto a lo que me sigue impulsando, creo que mi motor principal sigue siendo la necesidad de explorar las luces y sombras del ser humano, de poner a mis personajes al límite para ver cómo reaccionan y, sobre todo, el deseo de seguir emocionando al lector, desafiándolo a mirar más allá de lo evidente.

Para terminar, si una mujer que actualmente está sufriendo violencia de género tuviera ¡No me hagas daño! entre sus manos, ¿qué te gustaría que encontrara en sus páginas? ¿Y qué mensaje quisieras transmitir a quienes todavía miran hacia otro lado ante esta realidad?

Si una mujer que está sufriendo violencia de género tuviera ¡No me hagas daño! entre sus manos, me gustaría que encontrara, por encima de todo, un espejo libre de juicios y un refugio seguro. Quisiera que al pasar las páginas se sintiera profundamente comprendida, que viera reflejado que no es culpable de lo que le ocurre y que su dolor es real y válido. A menudo, el aislamiento y la manipulación desdibujan la percepción de la víctima. Por eso, espero que este libro actúe como un bálsamo que valide sus emociones, pero también, como un mapa silencioso que le recuerde que hay una salida, que hay luz al otro lado del miedo y que su vida y su dignidad importan.

Por otra parte, a quienes todavía miran hacia otro lado ante esta realidad, el mensaje es rotundo: el silencio y la indiferencia les convierte en cómplices. La violencia de género no es un problema privado ni un asunto doméstico que deba resolverse de puertas para dentro; es una grieta profunda en nuestra sociedad que nos incumbe a todos. Mirar hacia otro lado no sólo desprotege a la víctima, sino que legitima al agresor. Les pediría que escuchen sin juzgar y que entiendan que una palabra de apoyo, una llamada o, simplemente, no normalizar un comentario machista, puede salvar una vida.

Ana Isabel Martín Rebollo - ¡No me hagas daño
Ana Isabel Martín Rebollo – ¡No me hagas daño

Comprar «Ana Isabel Martín Rebollo – ¡No me hagas daño!»: https://link.amazon/B0dlm5f4E

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *