El poeta que reparte “guantás”: sin filtros, sin miedo y contra todo lo que incomoda

El poeta que reparte “guantás”: sin filtros, sin miedo y contra todo lo que incomoda

Defiendes una poesía que “da una guantá”. ¿Contra quién va exactamente esa guantada: contra el sistema, contra el lector o contra otros poetas?

Guantá es una metáfora de la poesía social, una poesía que habla desde el sentir popular y que mira desde los ojos de quien ve que la solidaridad, la tolerancia y la ternura son indispensables para mejorar como sociedad, con ese precedente, yo pienso que es una guantada al sistema capitalista en el que vivimos y que han moldeado para que cada día sea una competición en la que vivir con dignidad ya está siendo una utopía.

Dices que hay mucho poeta ambiguo que no se moja. ¿Crees que la neutralidad en la poesía es cobardía?

La neutralidad si es ambigua, en todos los aspectos de la vida es cobardía, somos seres sintientes y vivientes, a los que nos afectan las cosas que pasan a nuestro alrededor, por eso pienso que para cada cual, en su ámbito y en la manera que considere más oportuna, tomar partido es casi una obligación, no se cambia aquello que está mal mirando hacia otro lado o ignorando lo que ocurre. Por tanto, en la poesía, no es diferente, aunque respeto el foco que elija cada poeta.

Escribes desde la clase obrera. ¿Qué se pierde la literatura cuando se aleja de esa realidad?

Yo escribo desde la clase obrera porque soy eso y además estoy orgulloso de ello, soy nieto e hijo de obreros. Se pierde el valor que tienen lo popular y no olvidemos que lo popular es lo mayoritario en nuestra sociedad, por tanto, se pierde el sentir de un pueblo, el hacer valer la cultura que no es otra cosa que alimentar el alma que tiene hambre y eso conlleva riqueza, progreso y esperanza. Cada vez que un poeta con cuna obrera se aleja de ella en su escritura es una palada más de tierra que echa sobre su tumba. Recuerdo siempre unas palabras de mi amigo Manuel Romero que decía “clase baja nunca, clase obrera siempre”.

Tu obra mezcla denuncia y ternura. ¿Cómo evitas caer en el panfleto sin perder el mensaje político?

Intento no hacerlo, probablemente para alguna gente caiga, pero creo que escribir desde la experiencia, desde la convicción más profunda y desde lo que siento, hace que un mensaje pueda ser más creíble. Yo no me invento nada, lo que escribo es lo que soy y esa transparencia al final prevalece sobre el panfleto y el postureo literario.

Has estado implicado en causas sociales como Palestina o la sanidad pública. ¿Dónde acaba el activista y empieza el poeta?

Me he hecho muchas veces esa pregunta inundado y confundido por la propaganda literaria que dice que el poeta es una cosa y la persona otra hasta que leí a Eduardo Galeano hablando de la gente sentipensante, “los que no separan la razón del corazón, la gente que siente y piensa a la vez sin divorciar la cabeza del cuerpo, ni la emoción de la razón”. El activista en mi caso es el mismo que el poeta, porque lo mismo le escribo a la sanidad pública y a Palestina que me planto en una consejería de salud a protestar por los recortes o me echo a la calle denunciando un genocidio.

¿Te preocupa que tu posicionamiento político limite tu alcance o te dé igual mientras seas coherente?

Voy a utilizar otra cita literaria, en este caso de Friedrich Nietzsche cuando dice en Así habló Zaratustra que “ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo”. Cuando comencé a escribir me planteé qué tipo de escritura quería hacer y me decidí por esta, siendo consciente de la censura y que probablemente se me vetara de espacios literarios, como me ha pasado varias veces, pero como he dicho antes, yo soy esto y hacerlo de otra forma para llegar a más sitios o vender más libros sería traicionar mis principios y el objetivo que tengo con la escritura que no es otro que intentar despertar las mentes. Aun así tengo que decir que con mi posicionamiento y mi escritura he sido premiado en muchos concursos literarios importantes y tengo el cariño y el apoyo de mucha gente. La originalidad y la verdad, creo que deben ser el alma del poeta.

Vienes del carnaval, un espacio muy concreto y popular. ¿Qué te enseñó ese formato que hoy sigues aplicando a tu escritura?

El carnaval para mí lo es todo, es ahí en ese formato donde cogí el impulso en mi escritura y me expresé con la mayor sinceridad. Donde conocí a personas maravillosas que me animaban a escribir de esta forma y donde he aprendido que la rebeldía es un sentimiento de amor. Forma parte de mi vida, de mi día a día, mis influencias más grandes vienen de ahí, el poeta al que más he admirado y del que mejor me sé su obra, porque en ella me he visto representado desde que soy un niño, es un carnavalero, que probablemente, para mí, sea la mejor pluma de los últimos tiempos en Andalucía. Hablo de Juan Carlos Aragón.

En Guantá hay mucha oralidad. ¿Escribes para ser leído o para ser escuchado?

Guantá es una obra de teatro, la he creado como eso, y ahora es un libro de poesía, donde me expreso con letras, con voz, con el lenguaje corporal, con los sonidos, con las expresiones cotidianas, con flamenco, con carnaval, con canción protesta, con humor. Leído o escuchado, pero que llegue el mensaje. Suelo recitar poemas en video y a alguna gente le gusta más ese formato que el escrito. Las sensaciones solo las puede tener la persona lectora y eso es lo bonito de la poesía, que de una forma u otra la persona que la recibe se mimetice con la obra.

Tus influencias (Lorca, Miguel Hernández, Celaya…) son muy marcadas. ¿Cómo encuentras tu propia voz sin quedarte en el eco de ellos?

Es muy difícil, muchas veces me ha pasado que he escrito un poema y al leerlo pasados unos días me digo; me suena de algo, y te das cuenta que inconscientemente caes en una expresión parecida, en una figura muy similar o en un tema ya tocado. Son tantas y tan buena sus obras que es muy difícil caminar por las lindes de la escritura poética sin caer en los caminos de los grandes. Para quedarme con mi propia voz recurro como he dicho antes, a lo vital y la experiencia de mis pasos.

¿Crees que la poesía puede realmente cambiar algo o solo sirve para incomodar conciencias?

A ver, yo no soy ingenuo, creer que escribir poemas de denuncia social va a cambiar algo así de forma literal es vivir en el mundo de Yupi. He estudiado política y sociología y además las practico en mí día a día y sé cómo funciona esto. Las cosas se cambian con políticas, las políticas se hacen en los parlamentos y las hacen los políticos que nosotros ponemos ahí. De ahí la importancia de a quién le damos nuestra confianza. Creer que Israel va a dejar de masacrar pueblos en Oriente Próximo por escribir un poema es una desfachatez o pensar que el problema de la vivienda se va a terminar por hacer un soneto es muy naif. Pero que pueda cambiar alguna conciencia para empezar a pensar en el motivo de crear una guerra y el motivo del problema de la vivienda ya puede hacer que esa persona no le dé el voto a los que cometen atentados contra los derechos más básicos de las personas. Para mí eso ya es cambiar algo y por supuesto, una victoria.

Has ganado premios y participado en muchas antologías. ¿Eso legitima a un autor o es secundario frente al impacto real de lo que escribe?

Eso te curte, te enseña a ser más preciso en lo que escribes y a enfocarte con más claridad en lo que quieres decir. Te enseña a formalizar una obra, te enseña también que eres una gota en el océano cuando no ganas nada, que es la inmensa mayoría de las veces y también te hace ver que aunque ganes algo no eres el mejor ni mucho menos, ahí está el ejemplo del Premio Planeta que cada año lo gana un amigo o amiga del grupo y la cadena con el nivel justito para pasar el día, con todos mis respetos.
No voy a negar que es muy bonito que se reconozca lo que haces y que reconforta mucho pero también sirve para poner los pies en el suelo y para entender que lo único que te legitima es el cariño y el apoyo de la gente que te lee.

Si tuvieras que resumir Guantá en una idea incómoda que el lector no pueda ignorar, ¿cuál sería?

En una obra de teatro, social, irreverente, canalla, con humor, llena de rebeldía y con un sentimiento de amor que dota a la obra de ternura dentro de esa lucha de versos.
Se dan cuatro tipos de Guantá que hará descubrir a la persona lectora que entre sus páginas se pasan por todo tipo de emociones; la rabia, el llanto, la risa y la ternura.
Un libro que levanta la voz, no por ruido, sino porque el silencio ya no es una opción.

JC Keoma - Guantá
JC Keoma – Guantá

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