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Reseña de «Hogar del Transeúnte (Crónicas mínimas)», de Felipe Sérvulo | Por Miguel Ángel González Sánchez

Reseña de «Hogar del Transeúnte (Crónicas mínimas)», de Felipe Sérvulo | Por Miguel Ángel González Sánchez

      Recientemente (agosto de 2022), Felipe Sérvulo ha agavillado en un volumen que lleva por título Hogar del Transeúnte una serie de variados textos, la mayoría de los cuales ya fueron dados a conocer en distintas revistas y publicaciones, algunas en formato digital, y que flotaban libres por el ciberespacio de Internet. El propio autor, en la nota de justificación con que se abre la colección, alude al curioso rótulo que ha puesto en el encabezado —Hogar del Transeúnte— para presentar este trasunto moderno del venerable Hospital de Peregrinos de los tiempos medievales como cobijo al que se ha acogido, como hacen “los desheredados en cuanto anochece.” Reconocemos en la elección de la metáfora y en la alegoría implícita que de ella se deriva (La vida como camino por donde transitamos) el habitual prurito de Felipe Sérvulo en ofrecernos como rasgo distintivo de su personalidad literaria una denodada voluntad de sencillez, de falta de pretensiones y de rechazo de toda solemnidad, bien patente en esta ocasión al presentársenos como uno de esos «desheredados». Y para remachar el clavo echa mano de un subtítulo —Crónicas mínimas— donde insiste, de un modo cuasi franciscano, en prevenirnos contra falsas expectativas hacia unos textos sobre los que no deberíamos hacernos demasiadas ilusiones, porque —según él— son sólo «mínimos». Claro es que también cabría interpretar —y no sería desacertado— el uso de este adjetivo como indicativo de la exigua extensión de ellos, así como del estilo de su escritura, identificable fácilmente y a muy primera vista con eso que se ha dado en llamar Minimalismo y que mejor podríamos haber designado como Minimismo, cuyas características básicas —la tendencia a la brevedad y el lenguaje depurado y conciso— son, por otra parte, rasgos evidentes en la generalidad de su obra anterior. En este subtítulo que comentamos, el término “mínimas” está, pues, sobradamente legitimado y hemos de convenir en que Felipe Sérvulo ha acertado con su elección; algo que resulta más discutible —y a discutirlo iremos enseguida— si nos fijamos en el sustantivo al que va referido, Crónicas.

   No creo aventurarme en exceso en mi sospecha de que con esta palabra, el autor, un poeta conocido por tal, ha pretendido avisar a quienes abran este libro de que lo que en él van a hallar no es un poemario, sino una recopilación de textos de carácter predominantemente narrativo (en apariencia, al menos) y con un notorio grado de accesibilidad, como pensados que están no para la consabida minoría de lectores de poesía, sino para la «inmensa mayoría» (perdóneseme  la hipérbole) que constituyen los consumidores de los medios de comunicación «de masas» (discúlpeseme también esta otra). Así parece que Felipe Sérvulo quisiera realizar una incursión en uno de los más conspicuos géneros periodísticos, el de la crónica.

   Establecido como cronista, con su inherente función de informar y divulgar, va dando cuenta en la miscelánea recopilación del Hogar del Transeúnte de sucedidos y personajes de los que ha sido testigo y a los que ha conocido, o nos traslada los que a él le contaron y le presentaron. Como cronista que se pretende cuenta lo que pasa. Pero como el género de la crónica es un género mixto donde se entrevera la información con la interpretación (o si se prefiere, la objetividad con la subjetividad) en sus Crónicas mínimas Felipe Sérvulo no se limita a hacer sólo un informe de lo que pasa, sino que siempre nos traslada también lo que a él le pasa ante eso que pasa. Esto es seguramente lo que él intuía cuando en la Nota preliminar ya citada escribió acerca de sus relatos “que son apenas el eco de un sentimiento.”

   La presencia en las crónicas de ese elemento lírico es para mí el rasgo que mejor caracteriza el libro que reseñamos y por esta razón si deseáramos matizar el subtítulo empleado por el autor, en aras de una mayor exactitud, habríamos de añadirle un adjetivo más y dejarlo como Crónicas líricas mínimas. Y es que por mucho que Felipe Sérvulo haya querido revestirse con la piel de cordero de cronista, al final y por todas partes asoma la auténtica piel de lobo del poeta.

   ¿Quiere esto decir que Hogar del Transeúnte es otro poemario de su autor? Sí y no: en libros anteriores sus poemas se revisten muchas veces de unas formas estilísticas que nos autorizan a describirlos como «poemas prosaicos», dicho sea sin el menor ánimo descalificatorio, sino como una manera bien gráfica de sintetizar su proximidad a la prosa; ahora, en las Crónicas, encontramos unos textos que revestidos de prosa son «el eco de un sentimiento», es decir, expresión lírica, poesía, por lo que no sería demasiado inexacto designarlos como «poemas en prosa».

   ¿Poemas prosaicos, prosa poética? No entremos en estériles bizantinismos que a nada conducen. Vayamos mejor a anticipar a los posibles lectores del libro algo de lo que en él podrán encontrar y de los efectos que su lectura produce. Lo haré a partir de mi experiencia personal.

   Como la mayoría de las Crónicas ya habían sido publicadas, tal y como se indicó en el comienzo de esta reseña, yo ya las había leído y disfrutado, una por una. Sin embargo, al releerlas como partes integrantes de un conjunto advertí cómo esa impronta lírica que he señalado como rasgo más característico del Hogar del Transeúnte se me hizo evidente con una intensidad que me sorprendió gratamente y que me dejó un regusto estético semejante en todo al que produce la lectura de un libro de poemas, de buenos poemas. Y reflexionando sobre esta circunstancia no hallé mejor forma de describirla que por medio de una analogía emanada a través de un recuerdo de mi infancia, puesto de que un modo casi onírico se me presentó de nuevo la impresión que me produjo un descubrimiento maravilloso en una tarde de juegos. Yo no había visto nunca un artefacto que llevaba un nombre exótico y difícil y que externamente se parecía a un simple catalejo y cuando me lo mostraron y me animaron a que mirara por uno de sus extremos descubrí extasiado una visión deslumbrante de formas geométricas coloridas, como flores simétricas, que creaban extraordinarios paisajes, cambiantes a medida que se hacía girar aquel cilindro llamado caleidoscopio. Más tarde, cuando aquel objeto se rompió y tuvimos la ocasión de destriparlo e investigar cómo funcionaba supe que los responsables de aquellas visiones de belleza no eran sino unos simples cristales de colores, ingeniosamente dispuestos entre unos espejos.

   El Hogar del Transeúnte es un libro de crónicas líricas y es también, y, sobre todo, un caleidoscopio, porque su autor lo ha fabricado a base de reunir humildes y sencillos cristales de colores —las crónicas mínimas— que cuando se juntan nos ofrecen la contemplación de la belleza.

Felipe Sérvulo "Hogar del Transeúnte"
Felipe Sérvulo – «Hogar del Transeúnte»

Sinopsis «Hogar del Transeúnte»

En la mayoría de los relatos que aquí muestro he sido un simple testigo y nada más he tenido que levantar acta de lo que presenciaba. Otros apenas son el eco de un sentimiento. Algunos me los han contado, pero en este caso siempre era un testimonio presencial el narrador, yo he alterado, a veces, el espacio, los personajes y el tiempo como licencia literaria. De esta manera, el cronista se torna un mero escribidor que usa la historia oral a modo de recurso para pergeñar estas sencillas narraciones que he dado en llamar «Crónicas mínimas» con las que me he cobijado en el «Hogar del Transeúnte», lugar donde van los desheredados.

Ficha técnica «Hogar del Transeúnte»

  • Editorial ‏ : ‎ Independently published (22 junio 2022)
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 158 páginas
  • ISBN-10 ‏ : ‎ 1790981166
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 978-1790981168
  • Peso del producto ‏ : ‎ 240 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 15.24 x 1.02 x 22.86 cm

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Biografía de Felipe Sérvulo

Felipe Sérvulo González Villar, conocido como Felipe Sérvulo nació en Jaén.

Es licenciado en Historia por la Universidad de Barcelona.
Miembro de la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña.
Presidente del colectivo de escritores El Laberinto de Ariadna y editor del pliego de poesía del mismo nombre.
Ha sido cofundador de los grupos y revistas de literatura Alcudia, Gavina y Alga.
Colabora en medios radiofónicos y escritos como comentarista cultural y ha publicado en revistas especializadas de literatura de América y España.
Mantiene en la blogosfera varias publicaciones de historia, arte y literatura.
Ha obtenido diversos premios de poesía de ámbito nacional.

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