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A ti, infame | Por Alan Oms

A ti, infame | Por Alan Oms

Preguntas

Es difícil expresar, con valentía y respeto, el pensamiento de un pequeño ojeador. Pero así escribiré pues, valiente, mi odio al saqueador respetando al humilde caminante.

¿Quién eres tú, que crees ser superior? Tienes huesos y músculo, como el resto de seres humanos. Tuviste madre y alguien que secó tus lágrimas al nacer. Necesitas beber y comer para sobrevivir. Respiras del mismo oxígeno, pisas de la misma tierra y tienes corazón. Aunque, de éste último, discrepo.

¿Y quién? —Me pregunto— ¿Y quién eres tú, un igual de iguales, para decidir qué hacer con nuestra vida, por nosotros?

Introducción a la realidad

A día de hoy, hasta los ojos más cabizbajos y las manos más inocentes se han convertido, sin aviso, en reporteros de guerra. Allá donde pisamos encontramos una situación hostil. Allá donde miramos se nos clava en las retinas las mordazas de la injusticia. Allá donde tocamos, siempre hay una historia que, aunque seamos la persona más fría, hará que se nos descongelen las lágrimas del corazón.

Claro que el mundo es maravilloso, que hay que disfrutarlo y mostrar una sonrisa para vencer cualquier situación. Pero esa positividad se hace momentánea, o al menos si haces un pequeño esfuerzo para reconocer qué tienes a tu alrededor. Y hay algo que rompe, al menos personalmente, mi pequeña vida perfecta: Guerra, o más bien, el daño que causa ésta.

Llevamos toda la existencia del ser humano evolucionando a través de guerras y más guerras, necesarias para unos y crueles para otros. Viendo a un palmo, a ochenta metros o quince mil kilómetros, cómo las personas sufren como daño colateral.

Los bebés nacen en discordia errática, los niños adoptan la frialdad en cuestión de un suspiro, los adolescentes luchan en nombre de las canas, los adultos como en un buen Rock and roll, tiran la piedra y esconden la mano y los ancianos, casi sin fuerza en su espíritu, viven acelerados a sus posibilidades.

No sé a vosotros, pero a mí, ver cómo una persona pasa su vida huyendo de una contienda para acabar en otra… Me destroza. No sé a vosotros, pero a mí, ver a una niña muy lejos de su casa, solamente con una bolsa de plástico con cuatro cosas como hogar, y agarrada a un mugriento osito de peluche, sin apenas entender la situación… Me destroza. No sé a vosotros, pero a mí, ver a una pareja de ancianos deambular perdidos, donde ya han cosechado una larga vida, y se les es arrebata por algo que ni siquiera han decidido… Me destroza.

Me destroza ver cómo se rompen sus vidas, así sin más, por la simpleza paradójica de estar en el lugar incorrecto en el peor momento.

Sin más dilación, solamente deseo escribir unas líneas inconformistas en honor a toda esa gente que está sufriendo, unos por primera vez y otros constantemente, en el mundo sin haberlo buscado. Nacer pobre o que nos roben el alma de un día para otro, está fuera de la justicia y del poder divino del que muchos creen y apoyan, que por lo contrario, se despechan y olvidan si está lejos de su día a día.

Pero mundo, recuerda que llevamos toda nuestra existencia batallando. Pero mundo, no olvides que aunque creas estar lejos de la locura, ella puede llegar a ti en cualquier momento. Pero mundo, muestra dientes y sonríe, pues algún día cerrarás nuestra boca.

“Siempre hubo guerra,
física o mental.

Siempre hay guerra,
divina o moral.

Siempre habrá guerra,
librada o por marchar”.

Sufrimos en ella sus valores orgánicos, nos arrastran decisiones como heces de la palabra. Somos las calles de las hormigas que luchan por una miga de pan, de los gatos que duermen resfriados bajo tormenta, de los perros cariñosos ciegos por amor al desalmado y de las palomas que chapotean en barro sin mirar de frente, en su camino de parcelas marcadas.

Somos éstos, aunque pasemos de largo.
Somos éstos, y solo nos damos cuenta
cuando en el cristal nos vemos reflejados.

Parte Cero – Secuelas

Un tropezón o una mala pisada
del inconsciente
hace suburbio sus trazos.

Fantasear de la nada
el error impuesto al pobre.
Saberlo todo,
el del crío mimado

que tras una torta
despiertan sus dotes
latentes en ignorancia
recién marchitada.

Ya sabio muere solo
a vista ermitaña
y el valiente suicida
en disputa huraña.

Delincuencia superviviente
cuando despierta la noche
y robos tullidos a la humanidad
bajo mano vanidosa y armada.

Aplausos iletrados
a la violencia de derechos
si la masa lleva firmadas
insignias de despecho.

Por repartir pobreza,
por repatriar carozos,
somos el canibalismo
de la Era de tramposos.

Parte Uno – Opresión

Si victoria es matar
vuestra condición humana
está libre bajo el plomo
de una tiranía
que os tapa con sábanas,
que os ahorca con almohadas,
que os nutre con dicción,
que os ampara con hechos
y que os deja solos
cuando llueven espadas
a vuestro corazón,
del dictador.

Nos adaptan una mascarilla
que a miedo sella personas.
Nos colocan un fusil
para defender al intocable.
Nos ponen en papel quemado
de reos humanitarios.
Nos bombardean, heroicos,
y luego se lavan las manos.

Que solo somos un número.
Un refugiado o una baja;
un preso, una víctima
o una columna de humo
en la guerra de palabras.

Que solo somos una migaja
que alimenta la noticia
para que el pecho de otros
se crezca de mentiras.

Y el vientre del letargo
aprende a ser miedo
como imposición
ante el liberto denigrado.

Somos odio, lágrimas
y poca información.
Somos guerra
de ciega ambición.

Somos esa enfermedad
que despierta al cáncer;

somos ese virus
también llamado
el poder y prejuicio
del ansioso ser humano.

Parte dos – Hijos de la guerra

En un parón nupcial,
gritos y lágrimas obedecen.
Soledad de entre tantos,
¡cuánto tenemos
ahogado bajo llantos!

Escondido en un retrete
escribo
dándole mis descartes.

De vuestras luchas distantes
de lazos de pólvora repujada
mandando replicantes
huidos, vacíos y rotos,
como miedo en manada,

que con su vida en una bolsa,
viviendo de tanto
llevando tan poco…
Refugiados del hoyo
nos regalan una sonrisa
como última gota
del batallado pozo.

¡Y qué pozo!
¡Y qué vida!

Durmiendo entre seda
despertaron del lodo.

Les daremos miseria,
pues ésta
es la que nos queda.

Da igual el color,
da igual la jerga.
Todos somos hijos
de la misma
PUTA GUERRA.

Parte tres – Uróboro piramidal

Por siempre,

un gobierno de oro.
Diez ojos a su merced.
Cien ecos robando.
Mil fracasados por creer, a:

Mil reyes comiendo por diez.
Cien pobres en escasez.
Diez pueblos quemados.
Un bebé sin crecer, por:

Un gobierno de oro.
Diez ojos a su merced.
Cien ecos robando.
Mil fracasados por creer, a:

Mil reyes comiendo por diez.
Cien pobres en escasez.
Diez pueblos quemados.
Un bebé sin crecer,
 
por siempre.

Parte Cuatro – Soga a D.E.R.E.T.

Que el abusón dorado
nos entretiene con cinco matones
caminando con sacos mafiosos
llamados Droga, Estafa, Racismo,
Esclavitud infantil y Trata de blancas.

¡Basta ya de aprovecharse!
De tratarnos como a peones.
Basta ya de que la poesía
sea inspiración
desesperada y divina,

y el aullido dolido se desgarre
por tantos y tantos cabrones;
basta ya de romper sonrisas
para vendernos a tropezones.

Esas presas en coto de caza,
esas etiquetas sobrehumanas
que se nos MARCA como a ganado
«éstos también maltratados»,

Somos gente y familia;
historia y labranza;
somos la reinserción
a retales cosidos y resarcidos.

Recordad, señoras y señores
que somos la última palabra.

Luchemos y aguantemos,
pues somos la digna historia
que siempre ha perdurado.

Parte cinco – Eterna guerra
(Por David Laso)

Ninguna guerra es honesta.
Nadie cuenta que lo que quieren es robar,
y sí, por supuesto matan por robar.

Para ello se utiliza la mentira.
Discursos arropados
con nobleza y salvación.
A quien se le ataca es al malo.
¡Os salvaremos del mal!

Todo discurso vale,
ya sea en nombre de la paz,
de Dios, de la tiranía
y un largo arsenal argumental
que justifique la muerte.

La guerra no ha cambiado.

El precio es el de siempre.
Millones de vidas rotas; desaparecidas,
que pagan la locura de unos
hasta que lleguemos al destino
que la humanidad tiene escrito:
El exterminio.

Mientras tanto,
hasta alcanzar ese punto…
Todo duele.

Esto en sí es la guerra.

Algo que no ha cambiado,
y por desgracia ya es rutina.

Por todos nosotros

En honor y con respeto a toda persona
caída, herida y despedazada
por la decisión de cuatro botones
en camisa galardonada.

Alan Oms

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