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Viajar sin billete | Por Daniel Harris

Viajar sin billete | Por Daniel Harris

No, no va de denunciar a los que se saltan las vallas del tren y se aprovechan de los usuarios que sí pagan su billete, cosa que se tendría que analizar en cada caso y no generalizar, aunque a priori pueda parecer una falta de respeto, un acto de egoísmo o que realmente sea por necesidad. Eso solo ya daría para una novela que, por cierto, no descarto. Voy por otro lado.

Como escritor, disfruto a lo grande en el momento de crear, de imaginarme una historia y darle vida. A mi modo de ver, una novela está compuesta por muchos ingredientes, igual que cualquier plato en un restaurante. Puede ser simple o complejo y, no por ello, más o menos interesante. Ya dice el refrán que para gustos, colores. Pues bien, tenemos la trama, la historia en sí, la estructura, los ideales, el mensaje, los personajes, la atmósfera y los escenarios. Lo iremos combinando al gusto, además de tener en cuenta el tipo de narrador, las voces narrativas y un sinfín de detalles que engrandecerán el relato. La fórmula mágica para mezclarlo todo no existe y, aunque existiera, al final se tendría que cambiar, ya que lo potente es la atracción que tiene aquello diferente, para bien o para mal, o el enfoque que se haga; el punto de vista.

Uno de los atractivos que quiero poner en valor, por su importancia, a veces en la sombra, es el escenario dónde pasa la historia: las localizaciones.

En fantasía la descripción se hace imprescindible, puesto que el mundo lo crea el autor, pero deberá compaginarse con otros aspectos que enriquezcan la novela. Si el escenario es real se puede pecar de describir poco, o lo justo. O tan solo nombrar. El equilibro es difícil. Cuando escribo, me gusta mucho pisar un lugar, estudiarlo, apreciarlo e imaginarme cosas que puedan ayudar a la novela, tanto en ritmo, en caracterización de los personajes o que el propio escenario consiga ser un «personaje» más.

Para atrapar al lector. En ese sentido, los escenarios de mis novelas tienen una especial relevancia, porque de alguna manera también enseñan parte de nuestra sociedad. Por ejemplo, en mi última novela, Las caras de la fortuna, podemos observar Madrid desde la visión de uno de los personajes, o encontrar rincones de un pueblo cercano a Barcelona, o dar el salto y entrar en un barrio de Guatemala. Todo eso sin movernos, dentro de la historia, siguiendo a los personajes. Como valor añadido, después de leer la novela, tenemos la opción de buscar aquellos escenarios descritos y revivir las escenas, lo que han significado o fijarte en detalles que con el día a día nunca te fijarías.

Leer es vivir más, es viajar a través de las páginas. ¿Te subes al tren?

Daniel Harris

Autor de:

Las caras de la fortuna (2021, Libros Indie)

La porción desvanecida del Croscat (2015, Bubok)

La porció esvaïda del Croscat (2015, Bubok)

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