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«TÚ NO ERES TU TRISTEZA» | Por Anate Rivera

«TÚ NO ERES TU TRISTEZA» | Por Anate Rivera

Decía Francis Bacon que cuando nos vengamos nos igualamos a nuestro enemigo, mientras que si perdonamos mostramos nuestra superioridad. El mismo tratamiento podíamos dar a las emociones propias. La manera en que reaccionamos ante ellas determinará el nivel de malestar experimentado. La venganza podría sustituirse por un posicionamiento gemelar de lo sentido. Así, por ejemplo, hallándonos enfadados cabría la posibilidad de enfadarnos además por no haber sido capaz de controlar el primero, siendo justo la segunda reacción de enfado la que provoca un mayor sufrimiento al generar una tensión adicional contra la primera derivada en lucha. La misma declaración se haría respecto del sentimiento de rechazo; a veces rechazamos lo que sentimos por no considerarlo adecuado, no siendo lo que deberíamos sentir; y volvemos a la pugna contra lo nacido por alguna oculta razón. También ocurre  en ocasiones que nos invade la tristeza; esta es lícita, respetable, pero no deberíamos caer en el error de añadir la sentida por sentirla; en su lugar, entender que se trata de una mente autónoma, inofensiva si no nos identificamos con ella. Si la mantenemos a distancia no asediará la totalidad del espacio mental, desde donde sí se podrá manejar la que surge sin permiso, como si fuera una posesión, que no la  poseedora del resto. Muchas personas con aspiraciones de bondad no se permiten experimentar el odio descontrolado, y se odian por odiar, con lo cual acaba por igualarse al enemigo (el odio). La respuesta sanadora sería la de concederse comprensión por el brote de dicha perturbación (enfado, tristeza, rechazo…), dejarlo ir sin resentimiento. Y  en caso de padecer un absceso de rebeldía dirigido a objeto o sujeto no hay que dar riendas sueltas a la rebeldía segunda. La tensión surgida afloja con la aceptación de lo manado en primera instancia. El trabajo liberador consiste en identificar la mente de engaño, aceptar su existencia y manejarla hábilmente para su posterior transformación. Al permanecer en posición de observador de la mente se puede lograr la separación o desvinculación  de la misma. Identificarla sin identificarse con ella, creando un espacio de mayor amplitud y claridad desde el cual tomar conciencia de que enfado, tristeza, odio, rechazo o rebeldía, como  simples estados provisionales, se manifiestan en la inmensidad de la mente. Llegan y se van.

Anate Rivera "MUDOS"
Foto de Anate Rivera autora de la obra «MUDOS»

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