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«Pensamiento analgésico» | Por Anate Rivera

«Pensamiento analgésico» | Por Anate Rivera

Padecer un sufrimiento emocional es directamente proporcional a la atención prestada al ego, la fuente de la que mana; de tal manera que si procedemos a su retirada aquel tiende a diluirse. Y es a fuerza de enfocar y enfocar en él que la pesadumbre va ganando terreno, gobernando la totalidad de nuestra existencia, hasta que se acaba en las garras de la desesperanza, entendida esta como la ausencia total de objetivos, metas o propósitos. Nada en el horizonte. Justo ahí, uno se suele hacer la pregunta tramposa, destinada a redundar aún más en el estado declarado:  Qué puedo esperar de la vida? Viktor Frankl, en la semblanza redactada por Rafael de los Ríos que lleva por título Cuando el mundo gira enamorado, hace una reflexión venida a responder y resolver dicho planteamiento. Un pensamiento con vocación calmante del desasosiego y la insatisfacción humana. Un análisis convergente con la tesis de los efectos de la atención prestada o no al ego, de fines triunfantes. Así, el protagonista anima a sus colegas terapeutas en el campo de concentración a enseñar al desesperado a que: “En realidad no importa que no esperemos nada de la vida…” a continuación el verdadero chorro de luz: “… sino si la vida espera algo de nosotros.” Con un delicado golpe certero de sabiduría logra modificar la trayectoria de la atención invertida en el fenómeno sufriente; la desvía hacia su polo contrario, y, desde esa novedosa perspectiva, el dolor debe comenzar a remitir, porque el ego deja de ser el eje del mecanismo. Abandona su role de sol, en torno a lo cual gira el resto, para pasar a convertirse en un simple planeta orbitando alrededor de la estrella principal: la vida. La aflicción pierde entonces su potencia al desplazarse la atención hacia aquello a cuyo servicio nos hemos de poner. Todo se torna más claro y sencillo desde esta nueva posición. Se abandona la visión individualista ( yo soy lo más importante) para asumir actitud integradora del conjunto de los miembros, en consonancia con la idea benefactora de que el propósito de la vida no es otro que una vida de propósito, y no  hay uno mejor que disponerse a mejorar la individualidad en beneficio de los otros. Un mundo mejor no es independiente de lo que somos, mejores sin ego.


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