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«Los borbones… Da para una serie», por Juan Expósito

«Los borbones… Da para una serie», por Juan Expósito

Hay una serie inglesa que se llama The Crown sobre la vida de la sempiterna Isabel II, de Inglaterra… (ya verás como publico este artículo y se nos muere y me llamáis agorero, que os conozco). La serie, resulta que es maravillosa; tiene una calidad en la dirección, en la fotografía y en la interpretación del más alto nivel. La producción es, sencillamente, para pasar a la historia… y ¿los guiones? ¡Ay, los guiones! Resultan que son muy buenos a pesar de no tener tanta premisa inicial para sacar tanta temporada. Me explico: los conflictos de la corona real británica son buenos, están bien, valen, molan, dan para una temporada… o dos… Pero, los hijos de la gran Britania te sacan 5 temporadazas… cada cual mejor. ¿Tendrán mucho que contar? Sí… ptsssss… bueno… que si el tío Eduardo dejó la corona por amor y se fue para Gales… que sí hay parentesco de Felipe con los nazis… que si a Margarita le da por el gintonic más de la cuenta y se lía con un fotógrafo y se pone celosina de la Isabel… Que si Felipe sale demasiado por la noche a tomar cerveza de esa negra (que si fuese Mahou, todavía)… que si Diana es Diana y tiene sus cosas. ¡Venga ya, amiguis! ¡Los conflictos de los ingleses son una mierda…! Perdonad, eh.

          Nosotros, en España, tenemos para 37 temporadas, verbigracia:

          Nuestro primer Borbón, Felipe V se quedaba en cama durante períodos de meses y se negaba a darse un baño y a cortarse las uñas. El pestazo, porque lo de la ducha no iba con él, llenaba Palacio (que no era el apartamento de un artista de Lavapiés, oye) y mantenía la misma camisa durante semanas y semanas porque tenía miedo a que le envenenasen a través de la ropa… pero no hubo suerte: Luis, su hijo, duró muy poquino y tuvo que seguir Felipe V, ese rey que se hacía la rana por Palacio. ¿Os imagináis ese rey haciendo de rana por los pasillos de Palacio? Pues ese fue nuestro primer Borbón.

          Esperad, que sigo.

          Fernando VI no estaba mucho mejor de la cabeza, de hecho, estaba como una cabra… cuando murió su mujer Bárbara de Braganza, al rey se le fue la pinza de modo considerable. Eso sí, se casó en Badajoz, que siempre gana puntos para un Borbón. El caso es que se ponía a correr en ropa interior por Palacio que, oye, mola como anécdota, pero rechina como Rey. Este fue nuestro segundo Borbón… O Bogbón, que diría el emérito.

          Luego llega mi favorito (sin ironía), Carlos III (Carlos VII en Sicilia), que vino de rebote hablando italiano (casi hermano del anterior. Las cosas de la que os quedan dudas buscadlas en Google, que lo explican muy bien). Carlos III hizo muchas cosas para los que vivimos en Madrid: Boccherini  por allí, Sabatini por allá y vamos a hacer la Puerta de Alcalá y el Retiro, que siempre luce mucho. Y que vamos a traer al viejo Esquilache de Italia para que los madrileños se den menos matarile (navajazos) por el centro de Madrid. Pero no contaba con que los madrileños no querían cambiar las cosas porque no querían lo de acortar sus capas, lo de modificar sus sombreros alones por ocultar los rostros ni lo de poner luces en el centro de Madrid… porque a qué va a venir un italiano a decirnos lo que tenemos qué hacer y a ponernos luces para evitar la delincuencia. Y por eso se da el “motín de Esquilache” y el rey que, entre vinos y fiestas nocturnas, dijo: Pues nada, arrivederci, Esquilache, gracias por los servicios prestados y que tengas tus últimos años en Italia como Dios manda y no aquí en España diciéndonos lo que tenemos qué hacer… que no va a venir un guiri a sacarnos los colores, oiga-. Dijo la peña madrileña.

          Luego viene Carlos IV, muy entretenido en la caza y con menos personalidad que un tipo cagando sin pestillo. Mandaban más su mujer María Luisa de Parma y, sobre todo, el pacense Manuel Godoy. Godoy molaba por ser de Badajoz, pero era un sinvergüenza muy inteligente que pasó de soldado raso a Guardia de Corps y, luego, solo por ser muy atractivo (porque los de Badajoz somos muy atractivos) a ser uno de los tipos que más mandan del mundo. Carlos IV era un estúpido y Manuel Godoy era un trepa, pero también muy pusilánime y muy idiota que empezó a dejar el premio que era España a los franceses… Pero no pasa nada, porque llega Fernando VII, su hijo.

          Fernando VII era lo peor (que decíamos antes los jóvenes que ahora dicen “en plan”). Era un imbécil (así, resumiendo) que dejó pasar a los franceses por España… hizo sus cosas de rey estúpido (y los franceses las suyas) y ocurrió la casualidad de que llegase un Rey muy interesante (nuevamente sin ironía) de todos los que ha habido en España que es José Bonaparte, o José Primero, un rey aperturista, que quería que los intelectuales llevasen el ritmo de la sociedad francesa en España y que las niñas tuviesen las mismas oportunidades que los niños (fíjate), pero los españoles decidimos echarlo… (un día hay que hablar de  nuestra pobre “mitología” del 2 de Mayo) y volver a lo que había. La constitución de La Pepa no estaba mal, pero decidimos (Paco, agárrame el cubata) traer a Fernando VII (“El deseado”, oiga.). El absolutismo a tope… en plan, a tope… Y cuando podíamos poner ilustrados en nuestras peanas decidimos poner a curas y a nostálgicos de la inquisición.

          Pero tranqui, tronco… porque viene Isabel II. Flipa.

          Resulta que a Fernando VII no se le empina (el pene, digo) o si se le empinaba no valía porque tenía una tranca del tamaño de una botella de coca cola de dos litros. Era una barbaridad, oye. Y eso no da para una vagina normativa. Y cuando, alguna pretendiente forzosa, (tuvo varias, cosas de reyes) miraba aquello, (no solo el pene sino la actitud), las chicas huían como si estuviesen viendo un especial de Ana Rosa Quintana en una mañana de fiebre sobre el plagio de las novelas.

          Pero da igual el pene, Fernando VII era un rey tan apto como Froilán en una fiesta de tontos en un Colegio Mayor en un octubre cualquiera.

          Venga; damos paso a Isabel II: Una mujer. ¡Bravo! En plan: ¡Bravo, una mujer! Por fin tenemos a una hija, una fémina, que es de las mayores corruptas de este país, aunque más su madre: María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, madre de Isabelita. Esta pelleja era de los personajes más corruptos de este país… buscadlo, de verdad.       

          Isabel II aprendió a firmar de adolescente: imagina, Maricarmen, era una analfabeta de narices y que ella tomó sus decisiones como reina con la que había liada a mediados del XIX (la Gloriosa, nena). La echamos por corrupta, pero, ¿adivinad? La volvimos a poner como reina después de sus gastos en París a cargo del pueblo gracias a nuestra carabanchelera Eugenia de Montijo. Y pone, después, a Alfonso XII, hijo de Isabel II y decían por ahí que, de Francisco de Asís de Borbón, marido de Isabel II, el pobrecino, que tenía la misma capacidad de excitación por una mujer que Paco Marhuenda en una asamblea de Podemos. Vamos, que Alfonso XII era más bastardo que John Nieve en Juego de Tronos. Y Alfonso XII vivió poco, el animalito, y no pintaba mal porque se maduró por Europa mientras a su madre la echaban de España por sinvergüenza. Pero duró poco, hasta los 26 años, edad en la que murió, después de beberse toda Madrid y donde estuvo en todas las juergas de la capital (se olvidó de una, creo.)

          Pero luego viene Alfonso XIII, que entre sus grandes aportaciones hizo lo de introducir el porno en España; que oye, como aportación real, mola, como aportación, digo, en plan aportación a la cultura. El problema es que (además de ser un rey que tuvo hijos con muchas mujeres; ¡oh, sorpresa!) fue un rey inválido y poco español (¡oh, sorpresa!) que cedió el gobierno de la cosa esta de España a Primo de Rivera; anda, después de prometer lo contrario. Mira tú, Maricarmen. Qué contradicción, ¡oh, sorpresa!

          Luego viene lo de Franco, y tal. Y Juan de Borbón se queda mirándolas pasar, y sus hermanos también. Y llega Juan Carlos I… y bueno, podéis leer más… igual en la prensa…. Juan Carlos I es tan español que huye de España porque ha robado a su España. Y se va de su patria por si es sospechoso… que, oye, como serie de Netflix, insisto, mola.

          Y, por último, tenemos al que tenemos. Felipe VI, que hace todo bien… habla bien, tiene una mujer chachi, tiene unas hijas que molan y una vida perfecta. Felipe VI es muy guay….  Y ese es el problema. Que nos dejamos tan obnubilados por su belleza, por lo bien quien habla, por su supuesto amor a la patria que no me lo creo. Yo no me lo creo; ¿por qué?  Porque he leído lo suficiente, me parece. Y los borbones son lo que son… o lo que han sido. Y llevan la desfachatez en la piel.

          En definitiva, cuando uno ve la serie británica The Crown, ¿pensáis la que tenemos en España? Porque en España, solo en la historia más reciente, digo, tenemos reinas consortes con sus conflictos ideológicos o, cuanto menos, morales, reyes eméritos corruptos que se piran de su país, elefantes que se matan en Botswana, golpes de Estado sin aclarar, cuñados ladrones y otros cuñados drogadictos, sacos de pasta en los muslos de la Corina, ese Don Juan diciendo: – Hijo, tú de lo del balazo en la cabeza de tu hermano, no sabes nada, ¿verdad?-, cuñados de nariz blanca y otros cuñados presumiendo de camiseta de España de balonmano robando a manos llenas… Elenitas con problemas para pasar la primera página del cuadernillo Rubio 1 de la EGB y Cristinitas con problemas para entrar en Palacio sin rozar los techos por la cornamenta a pesar de la altura (aunque muy razonable, la rozadura de los techos, digo, debido al historial borbónico), reinas en Londres, esa Letizia que dice: -No te hagas fotos con mis hijas, suegri-, ese Felipe al que le sale una vicepresidencia de rojos venidos del averno, ese emérito que si pira de España amando España. Es tan Borbón eso, oiga, lo de envolverse en la bandera de España y hablar de la palabra amor cuando España les importa una mierda y el amor es solo por el dinero y el poder…

          … y, ¿que no seamos capaces de hacer una serie como Dios manda? Si los ingleses hicieron 5 temporadas de sus mierdas a nosotros nos harían 37 temporadas de lo nuestro, te lo juro. 

          En fin, Serafín, que este país que me encanta, que creo que es mi país favorito y que se llama España, (tengo que escribir un artículo diciendo esto porque, insisto, me parece mi país favorito) hemos sido capaz de normalizar este borbonismo. Y es porque creo que no nos hemos estudiado la Historia de España lo suficiente. Así de simple, así de tonto, que decía Aute.

          España es el mejor país del mundo, bajo mi punto de vista… donde creo que tenemos algunos defectos como, por ejemplo, haber dejado a esta gente la jefatura de estado en el espíritu del país y sin contemplaciones. Un gran defecto, creo. Son lastres que considero que llevamos en la mochila de nuestro país y de nuestra sociedad.

          Y considero que deberíamos de darnos la posibilidad de echar a esta panda ya. O, por lo menos, hacernos nuestra superserie… de 37 temporadas, como poco.  

Juan Expósito
Foto «Las cruces» de Juan Expósito

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