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El TEATRO imposible y El amor en su lugar | Por Juan Expósito

El TEATRO imposible y El amor en su lugar | Por Juan Expósito

Hay películas que te gustan, otras que te parecen maravillosas y otras que te dejan consternado, que no se olvidan, y estas suelen suceder por motivos personales; porque más allá de la objetividad hay aspectos que se adhieren al alma. Así de tonto, así de simple, que decía Aute.

            He visto El amor en su lugar, de Rodrigo Cortés. La vi con mi hija Gadea, de 11 años. Ella concedió verla en versión original a cambio de palomitas. No se enteró de todo, pero quedó igual de conmocionada que yo. Luego se la expliqué (esas partes que no entendió, y ¿qué más da que no entendiese ciertas partes…? También me perdí yo cosas al ver por primera vez El golpe, por ejemplo). No sé si Gadea la habrá olvidado (creo que no) pero yo ya la tengo en ese álbum especial de la memoria donde guardamos las mejores fotos, las experiencias más especiales.

         La peli me ha pillado cojo, con el pie dolido, consecuencia de un esguince mal curado de cuando tenía 17 años. Y es que, por aquel entonces, me había convocado la selección extremeña de fútbol y decidí quitarme la escayola para jugar un campeonato amistoso contra el País Vasco, Cataluña y Andalucía. Solo jugué 10 minutos, contra el País Vasco. Perdimos. No volví a jugar con la selección extremeña y, de vez en cuando, la vida se encarga de recordarme aquel error que tuve en el pasado gracias a este dolor terrible de tobillo.

         Acabé la peli con más molestias en el pie debido a que me removía en la butaca con la tensión de la historia. Pero se me olvidaba dicho suplicio porque la fuerza de la emoción era más fuerte. Acabé (creo que Gadea también) sonriendo y llorando a la vez. Después de 18 años dirigiendo teatro es el objetivo último de todo lo que he hecho: llorar y sonreír a la vez. Pienso que es la reacción más bonita del mundo al ver una obra de teatro o una película. Llorar y sonreír a la vez: ¡Qué hermoso!

Juan Expósito

         El amor en su lugar es una película de nazis, una de aventuras, una peli de esas que hablan de teatro, una de malos y buenos, un drama, una comedia, un musical… y una profundísima historia de amor. Creo que es la vez (y tengo la mochila del alma llena de películas) que con mayor profundidad veo que se habla del amor. Parece que el amor es un tema que a ciertos conspicuos cinéfilos de codo en la barra de bar, de los de nudillos en la mesa de esto es asín, y punto, irrita. Porque parece que el amor es igual a una película tonta de dos bellezones besándose al final bajo la lluvia, después de pasar por un enamoramiento (chico conoce a chica), imposibilidad posterior (chica tiene un impedimento al amor) y reconciliación final después de que el chico convence a la chica y esta se flexibiliza ante los encantos inmarcesibles del chico. Nada que ver El amor en su lugar. El cine, de hecho, está lleno de ejemplos donde se habla de manera profunda del amor, pero pocas veces con este nivel de reflexión. Aquí se habla del amor como nunca vi. ¿Cuál es el amor perfecto? Cuando no coinciden que ambas personas están desnudas ante el amor, cuando la pareja no conecta en el mismo nivel de emoción, ¿qué amor es el mejor… el que se da o el que se recibe?

         Y, además, fíjate, habla del teatro. De cómo el teatro es, para algunos, ese solaz que nos salva la vida. El arte en general. La música, el cine o el teatro puede ser nuestra cabaña en el árbol del niño que somos lleno de problemas. La madera improbable a la que nos agarramos en mitad del naufragio.

         En la obra de Cortés estamos en un gueto, en Varsovia, en el año 1942, con nazis por ahí, dando por detrás; con frío, hambre y sueños perdidos. El teatro, en esas circunstancias, puede ser un bálsamo. También ahí lo puede ser, en los momentos más terribles. Y el artista y el teatrero, nunca deja de serlo… ni en el momento más difícil de la vida. Un verdadero artista no deja de serlo nunca.

         Al día siguiente de ver la película hablaba por whatsapp con un sobrino de mi novia que me preguntaba por mi pie. Es un niño, de 12 años, maravilloso. Me decía que si me dolía el pie que no debería ir al estreno de una obra que yo tenía que hacer días después (o ir al ensayo general, cuanto menos). Entonces, me acordé de la peli y pensé: Estos tipos hacen una obra cuando hay nazis matando judíos (o enviándolos a los campos de concentración) en el gueto de Varsovia y, ¿voy a quejarme yo por un puñetero dolor de pie? Entiendo al sobrino, y lo agradezco, pero es difícil entender lo importante que es el teatro para la gente que no hace teatro o que no siente la importancia de hacerlo. He hecho teatro en condiciones febriles, sin apenas voz, muriéndose mi padre o mi abuela… y los teatreros pensamos en quejarnos al día siguiente, después de la obra, no en el momento de la función; no al salir al escenario. Los teatreros ponemos la obra que hay que hacer al principio, no al final, pero sentimos que tener gente en el patio de butacas merece el dolor del actor o del director. Pocas veces en una obra he visto cómo es de importante el The show must go on. Pocas veces he visto un homenaje más hermoso al teatro como en esta historia. Y eso, claro, me mata de amor.

         En El amor en su lugar veo el Bogdanovich de la traducida en España por ¡Qué ruina de función!, está el Evasión o Victoria, de John Houston, está Minelli, está Scorsese por todos lados… pero, sobre todo, está Rodrigo Cortés que sabe el latín del cine. Un director que dirige sabiendo que la va a montar él. Es un creador (director-montador) que sabe qué plano va después de otro, pero dejando libertad a crear y al actor, a la actriz, al accidente… Sabe latín.

         La película El concursante nos explica el director que va a ser. Buried es una genialidad donde se doctora como director, montador y contador de historias. Luces Rojas, Blackwood o el capítulo que realiza en Historias para no dormir, son buenísimas películas donde se declara un jugón con la cámara y con la edición final. Pero lo que hace aquí, en esta peli, está al alcance de muy pocos en la historia del cine. Ojo, hablamos de los que más… de Scorsese, de Hitchcock, de Welles, de De Sica, de Campanella, de Fincher, de los Coen… qué se yo.

         Sigo sin explicarme que la película haya obtenido solo dos nominaciones a los Goya 2022. No quiero juzgarlo y sé que todo esto del arte es subjetivo. Lo sé. Pero tiene que haber algo de distribución con los académicos (o algo de eso) para justificar este despropósito. Creo que El amor en su lugar no solo va a ser considerada una obra maestra en unos años, sino que será de esas pelis que pase a la historia como obras maestras a los que la Academia dio la espalda. De esos errores históricos. Con un guion de escuela, una dirección de maestro, un montaje fantástico, una música y unas canciones maravillosas, unas interpretaciones que los que sabemos algo de esto sabemos de la calidad (perdonen la inmodestia), una foto bellísima… En fin, que lo de que tenga solo dos nominaciones tiene que tener alguna explicación pragmática y me niego a que sea solo subjetividad.

         Aún me emociona esta peli, días después. Creo que Gadea la recuerda aún. Ojalá la veamos dentro de 20 años y volvamos a aguantar las lágrimas y sonreír de la misma manera… y será cuando ya se haya considerado una obra maestra, que es lo que es, para mí (y de un español, oye.) Y ojalá, para entonces, no tenga este dolor de tobillo… que, mira, fue por jugar en la selección extremeña, que es más de lo que cualquiera puede llegar a aspirar en la vida… O no, porque si el sobri de mi novia (maravilloso) me dice hace 26 años que tengo que guardar reposo para jugar en aquella convocatoria, le hubiese hecho caso pero, si este mismo dolor me ocurre cerca de una obra de teatro que puede ayudar a la gente, a que la vida les sea un poco menos perra, por esto… por esto… El espectáculo debe de continuar.

         Vuelve a ser un año fantástico (2021) de cine en España. Hay maravillosas películas como la obra maestra El buen patrón… pero no puede pasar inadvertida esta peli en cuanto a premios que, fíjate, sé que no siempre reflejan la calidad; son premios, no más. Gente que decide lo que gusta o no pero bueno, desde humilde teclado y mi personalísimo Word, digo que El amor en su lugar es una joya histórica que hay que reivindicar. Me duele el pie pero recordar esta película me eleva y cura el alma.

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