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El refugio de los malditos | Por Carlos Cervera López

El refugio de los malditos | Por Carlos Cervera López

Llevo unos cuantos días exprimiéndome la sesera para escribir un artículo de opinión. Llevo bastante tiempo sin meterme en ese mundillo del artículo. A día de hoy me dedico a mis dos pasiones, la lectura y la escritura de relatos cortos y novelas. Es una vía de escape que me permite incluso, encontrarme conmigo mismo. Muchas noches como ahora mismo. Me siento delante del teclado de mi ordenador y me pongo a escribir lo primero que me sale de la cabeza. Siempre he sido una persona con una imaginación tremenda.

Meterme de lleno en el mundo de las lecturas, también me ayuda para aclarar mis ideas y poder tener una soltura aceptable a la hora de ponerme también a escribir. Si os digo todo esto. Si os digo que solamente me sale escribir sobre cuentos y meterme en historias fantásticas, tiene en mi opinión una sólida razón. Todo esto se debe a que desde hace un par de años, estoy hasta la coronilla de los vodeviles parlamentarios. Aquí se podría hablar de muchas cosas. La representación parlamentaria y los votantes, están cada vez más separados los unos de los otros. Esto se ha ido avisando desde hace muchos años. Los que vemos ese tema, desde este punto de vista, no somos bien entendidos, pero cómo dijo uno en cierta ocasión, alguna vez se les caerá la venda los ojos a algunos y a otros, la cara.

Estoy más que harto de tener que ver en los medios digitales, cómo hay personas que se dedican a hacer negocio, vendiendo humo que huele a carne putrefacta. Mi intención no es otra que la de apartarme de todo aquello y meterme en mi despacho/burbuja. Una soledad con regusto dulce, como dijo una persona en cierta ocasión.

Las historias que escribo, se basan en personas que han pasado por unos momentos verdaderamente difíciles. La incomprensión en una sociedad en la que se sienten como un pez fuera del agua. Personas que están pasando por una etapa verdaderamente difícil.

Tengo la virtud de saber escuchar a la gente, y sus historias humanas, me parecen verdaderamente más interesantes y dignas de mención, que cualquier Show televisivo. Hay quien me mira raro cuando le digo que no sé de qué se va a hablar en el programa tal o cual. No me interesa lo más mínimo. Estoy completamente fuera de onda, cosa que me causa una grata sensación. Hubo un tiempo en el que, pese a tener dos canales. La televisión en España tenía un amplio abanico de programas que iban tocando todas las edades y fibras de las personas corrientes. Ahora mismo, con todos los avances de los que goza el ser humano. A nivel televisivo. Se ha creado una gran variedad de programas, pero que tienen una parecido más que asombroso entre sí. Se ha creado un producto para durar X tiempo y que no se acuerde de él ni el tato. La televisión basura. De usar y tirar. Bien es cierto que hay algún programa que puede salvarse de la quema, pero tristemente, son los menos.

Tenemos que darnos una vuelta por las hemerotecas para darnos cuenta como todavía hay programas que, pese a que ya no están en circulación, todavía son recordados. El hombre y la tierra formó a una generación que optó por estudiar profesiones que tienen que ver con la naturaleza, con los animales salvajes y su entorno. Biblioteca Nacional hizo que la gente sintiera verdadera pasión por los autores universales cómo Rosa Chacel o incluso Ernesto Giménez Caballero. Pongo dos ejemplos de personalidades ideológicamente tan lejanas, pero unidas en un programa de televisión, tratándose con respeto cada tema que se exponía. La televisión es el reflejo en el que la sociedad se mira cada mañana y lo peor de todo, es que se siente muy a gusto. La soledad es el precio de los que no nos quedamos de brazos cruzados y pedimos a la gente, que haga el favor de sentarse, apagar el televisor y coger un libro.

Vuelvo a decirlo una vez más. Si esperabas un artículo de opinión sobre política, lo siento. Estoy desconectado de todo eso. Si buscas un artículo relacionado con algún programa de “salseo” basura. Lo siento. Vete a otro sitio a buscar.

Carlos Cervera López

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