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El eterno femenino, revelaciones y Sibilas | Por Paola Vañó

El eterno femenino, revelaciones y Sibilas | Por Paola Vañó

Al acabar enero, rememoro, la finalizada temporada de festividades y la fugacidad del tiempo en la cuesta. Esta vez, mis pensamientos me han transportado a la Catedral de Mallorca, en Palma, cuando acudí a una enigmática presentación durante una estancia familiar. Hace tan solo, unos años atrás, asistí, en la noche buena de los Matines, a la celebración de un ritual. Al llegar me cautivó, el recorrido silencioso de una misteriosa mujer profetisa. La Sibil-la erguida, con una espada en la mano, caminando junto a sus acólitos, hasta posicionarse en el altar mayor. Trazando con dramatismo, una cruz en el aire. Con un discurso visual potente, en el que dialogaban elementos de profundo arraigo, fervor y sincretismo. El cant de la Sibil-la, un canto sublime, me subyugó. Abordaba un drama litúrgico en verso, haciendo referencia a «una dimensión sagrada», que aún se preserva en Mallorca, también en Escorca y Cerdeña, gracias al magnetismo que suscita la presencia de una mujer que revela los misterios de la vida y de la muerte, que va más allá de los episodios litúrgicos. Fue así que El cant de la Sibil-la, en mi mente evocó inevitablemente, un pasaje de «Un invierno en Mallorca» de George Sand, que describía a los pobladores de la isla, sus costumbres y su geografía. Una edición adquirida, unas horas antes de entrar a la Catedral, en la librería Re-Read de Palma, mientras recorría con mis tías Francisca y Xelo, las calles del centro. Asocio estos recuerdos, de El cant de la Sibil-la en la Catedral, en Palma y los fusiono con el inicio del acto y una «Sibila» reinterpretada, que se asoma a mi memoria, de la mano de un artista del barroco americano, en concreto, presente en un cuadro del siglo XVII conocido como «La profecía», atribuido a Juan Zapata (o Zapaca Inca), destacado pintor cuzqueño. Fabulosa obra, que actualmente se encuentra en el Museo San Francisco de Santiago de Chile y que nos ayuda a entender las claves de la arcadia andina. Ya que incorpora entre líneas, simbologías, artificios fuera de contexto, significados ambiguos, alegorías ocultas. En la pintura, la Sibila es localizada en un Isla Griega, junto a San Francisco, San Juan Evangelista y el místico Joaquín de Fiore que pinta «los tres soles», en referencia enigmática, a una «trinidad andina». Y es que través de una delgada línea del tiempo, es posible revisitar, resignificar, una «multidimensionalidad» en las capas, en los procesos, en las vivencias, en el flujo del pasado-presente-futuro. Así también, desde otro plano, un ejercicio de percepción visual nos lleva a comprender el protagonismo de las mujeres, cuyas visiones, aún ahora, son de gran influjo a lo largo de la historia, en todas las culturas. Mujeres chamanas, sacerdotisas como la Dama de Cao, poderosa fémina Moche, que en el antiguo Perú fue adivina, curandera, gobernanta. A través de la videncia, la sabiduría, la sanación, realizó reveladoras prácticas, a partir de un estatus divino y humano. Porque la cultura, nos remite a un concepto que es «poliédrico», al largo de los siglos, a través de una conjugación de elementos vinculados a la memoria trascendental y a la sensibilidad hacia «lo arcano,» en una comunidad que se reconoce en los rasgos, las festividades, los rituales, los ciclos. En suma, a través de diversas características identitarias preservadas, donde también importan, la subjetividad, la percepción y los valores ancestrales en contexto. Al expresar de una forma viviente a través de las tradiciones orales, prácticas sociales, que son heredadas y transmitidas, promoviendo un sentido de pertenencia. En un entorno de valores intrínsecos que se relacionan, con el ritual y con los quehaceres cotidianos. Es en esa perspectiva, que se desvela la importancia de una visión holística, que reconozca las señales, los códigos, en la complejidad del espacio y el territorio, en los diversos aspectos que recaen en la transmisión de los elementos simbólicos, en los signos de pertenencia y en la memoria individual y colectiva. Porque es allí donde coexisten diversos componentes, que interactúan con características frágiles, que incorporan elementos transversales, y comparten excepcionales valores. Así, Las Sibilas de la antigua Grecia, las tres pitonisas, perviven sentadas en nuestra «memoria fuente», en un trípode, profetizando en el santuario de Delfos, vaticinando los grandes problemas de la comunidad, en versos errantes, desde una mágica conexión oracular, donde brota el eterno femenino, en una dimensión líquida, fluida, que va más allá del tiempo y el espacio. Como decía George Sand en Un invierno en Mallorca: «Cualquiera que se sienta vivir o decaer, está poseído. (…)»


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2 thoughts on “El eterno femenino, revelaciones y Sibilas | Por Paola Vañó

  1. Mitos, mujeres, galgos y ciudades,
    Musas, pintores, gatos y novelas,
    Reinas, banqueras, hadas y estudiantes,
    Discos, estrellas, robots y japonesas.
    Tienen ese algo misterioso
    Que daba miedo a Leonardo y a Amiel,
    Que sólo las minorías entienden,
    Que hizo a Warhol esposo de su cassette.
    Sintes, hoteles, hormigas y serpientes,
    Indios, muñecas, películas y vídeos,
    Comics, revistas, literas en los trenes,
    Electrodomésticos y cajas de ritmo.
    Tienen ese algo misterioso
    Que daba miedo a Leonardo y a Amiel,
    Que sólo las minorías entienden,
    Que hizo a Warhol esposo de su casete.

    La Mode 1982

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