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De Psique a Bella: Desenmascarando el Abuso | Por Lourdes Justo Adán

De Psique a Bella: Desenmascarando el Abuso | Por Lourdes Justo Adán

Psique era muy hermosa. Tanto que despertó la envidia de la Afrodita, quien envió a Eros para que le lanzara una flecha que le hiciese enamorarse del hombre más horrible que encontrase. Sin embargo, al ver a Pique, Eros se enamoró de ella y, desobedeciendo a la diosa, se la llevó a su palacio secreto en lo alto de las montañas.

Eros era de buen corazón y amable con su amada, sin embargo, una cosa le prohibió: indagar sobre su identidad. Él la visitaba solo durante la noche, para que no viese su apariencia.

Ella, sospechando que pudiese ser espantosamente feo, se acercó a él mientras dormía. Para su sorpresa, descubrió que no era un monstruo, sino el dios del amor. Entonces, pasan cosas que no voy a desvelar aquí, pero implican castigo y, finalmente, la redención.

Es muy posible que el “Mito de Psique” haya ejercido una influencia significativa en otra famosa historia: la de “La Bella y la Bestia” tantas veces reinterpretada, filmada y adaptada. La más famosa es la producción de Walt Disney, pero la historia en sí es vieja y se puede considerar un cuento tradicional, con cierto paralelismo con la anterior.

Por su parte, “La Bella y la Bestia” puede parecer una historia tierna y romántica, un cuento que también celebra el amor verdadero frente a la superficialidad. Sin embargo, si nos detenemos a examinarla, podemos encontrar elementos alarmantes que nada tienen de entrañable.

Recordemos que Bella, al igual que Pisque, es tomada prisionera por la Bestia y obligada a vivir en su castillo, aislada de su familia y del mundo exterior. Aunque la historia termina “bien”, no podemos obviar las sombras que oscurecen este no tan inofensivo cuento.

Antiguamente, estos pequeños detalles eran pasados por alto, pero hoy en día, dada la creciente conciencia sobre el abuso y el consentimiento, han cobrado una nueva dimensión. Ahora reconocemos que aunque sean cuentos, influyen en nuestras percepciones y actitudes, e incluso idealizan comportamientos improcedentes.

Por lo tanto, considero crucial analizar estas historias pues podemos usarlas como herramientas para meditar sobre cuestiones importantes, y, sobre todo, para promocionar relaciones saludables y respetuosas.

Comencemos por el encierro. El aislamiento al que Bella estaba sometida es una forma común de abuso psicológico, ya que el abusador controla el entorno de la víctima y limita sus contactos. La priva de apoyo emocional y social para que no busque ayuda y no escape de la situación opresiva. Esto hace que se sienta sola, desconectada e incomprendida, lo que aumenta su vulnerabilidad.

Como se puede ver, el aislamiento es una táctica para controlar y manipular a su víctima, para lograr que se someta sin oponer resistencia. Este control puede manifestarse de muchas formas difíciles de reconocer ya que los abusadores presentan estas estrategias como si fuesen actos de amor o preocupación, lo que confunde y atrapa a la víctima. La suelen controlar: dónde va, horarios, qué hace, con quién se relaciona, etc. El objetivo es mantenerla bajo su dominio y limitar su independencia.

El aislamiento la conduce a un deterioro gradual de la autoestima y la confianza en sí misma, convirtiéndola en incapaz de cambiar su situación. Cuando una persona tiene una autoestima saludable se siente capaz y valiosa. Esto lo sabe el abusador, y, por tanto, comenzará por minársela. Recurrirá a críticas, humillación, rechazo, y otras formas de maltrato para que la víctima dude de su propia valía y termine a merced del victimario.

Suele ir acompañado de manipulación, otra maniobra subrepticia habitual del abusador, sea tu pareja o no. La utiliza para influir en el comportamiento o las percepciones de los demás en su propio beneficio. Se ayuda de una amplia variedad de trucos. El objetivo es desorientar y manejar a la víctima, haciéndola más susceptible a su dominación.

Poco a poco el abuso habitual se va normalizando. Este “acostumbrarse” es un fenómeno preocupante porque el comportamiento abusivo se vuelve aceptado e, incluso, justificado, lo que conlleva efectos devastadores para la víctima.

La Bestia a menudo recurre a la intimidación para controlar a Bella con rugidos, cambios de humor, advertencias, silencios…  Esto la asusta y la hace sentir insegura, temerosa y sometida a un control coercitivo que afecta a su capacidad para tomar decisiones.

Pese a todo, progresivamente, vemos cómo Bella parece ir desarrollando sentimientos de apego, simpatía o lealtad hacia su captor, a pesar del maltrato inicial de este hacia ella. Esta conexión afectiva puede interpretarse como una representación del llamado Síndrome de Estocolmo, donde las víctimas de un cautiverio desarrollan un vínculo emocional con sus captores. En ningún caso puede considerarse amor sano ya que sus facultades están profundamente alteradas o anuladas.

Claramente, la historia sugiere que el amor de Bella es lo que finalmente cambia a la Bestia y rompe su maldición. Esto puede ser tremendamente peligroso ya que presenta la idea de que el amor puede cambiar a un abusador. Esta creencia ha traído muchas desgracias. En el mundo real, el cambio de una persona abusiva es un proceso complejo y difícil, por no decir imposible, y desde luego, no garantiza la eliminación total de comportamientos perversos. La eficacia de los tratamientos con psicópatas y narcisistas tiene enormes limitaciones a largo plazo. Dicho de otro modo: NO SE CURAN. Y es que, realmente, no existen terapias para ellos, pues su éxito depende de la voluntad del individuo de cambiar. No suele darse el caso, ya que son condiciones egosintónicas, es decir, no suponen un problema para los que las tienen, sino para quienes se cruzan en su camino. También es irreversible la carencia de empatía y la falta de remordimientos. Pueden fingir todo eso, y, de hecho, lo hacen muy bien, pero no lo experimentan. Por lo tanto, cerebralmente hablando, su amor –si es que se le puede llamar así– solo puede ser superficial y pasajero. Pueden decir “te quiero” o frases similares a cualquier persona con la misma frialdad que se lo dirían a una plancha, a un paraguas o a una escoba. Esto es lo que más les cuesta aceptar a las víctimas, pero es así. Entender todo esto salva vidas.

Insisto en que, aunque los cuentos sean entretenidos, no se debe obviar las realidades que se presentan en ellos. El abuso psicológico no debe ser minimizado. Es dañino, destructivo y no tiene cabida en una relación respetuosa.

Mi consejo es que utilicemos estas historias no como modelos a seguir, sino como herramientas para la educación y la concienciación. Yo misma he contado estos cuentos en infinidad de ocasiones, pero lo he hecho desde una perspectiva didáctica y crítica, utilizando sus lecciones para fomentar el respeto, la igualdad y la empatía en nuestras relaciones. No idealicemos el abuso psicológico. Luchemos contra él.

Se puede ver cómo estos relatos clásicos reflejan problemáticas que aún persisten en la sociedad actual. La violencia psicológica es compleja. Abarca una extensa variedad de tácticas tan sutiles que es muy difícil identificarlas, y mucho más librarse de ellas. Es crucial que no romanticemos comportamientos que son, en esencia, destrucción psicológica. Incluso cuando te hablan de manera amigable y parecen tener buenas intenciones, pueden estar llevando a cabo una manipulación encubierta. Por ejemplo:

  • Si te da migajas de atención para mantenerte ilusionada sin intención de nada serio, no es amor. Se llama breadcrumbing.
  • Si da la vuelta a las cosas para terminar acusándote de lo que él hace y nunca tiene la culpa de nada, no es amor. Se llama proyección.
  • Si no te escucha ni presta atención, aunque parece que sí, no es amor. Se llama hombro frío.
  • Si a pesar del maltrato, solo puedes recordar los buenos momentos, no es amor. Se llama amnesia perversa.
  • Si ya no eres quien eras sino quien él quiere que seas, no es amor. Se llama disociación.
  • Si ya no te defiendes del abuso para que no se enfade, no es amor. Se llama indefensión aprendida.
  • Si dudas de ti misma y te engañas, justificando cosas que no coinciden con tu opinión, no es amor. Se llama disonancia cognitiva.
  • Si sigues apegada al maltratador porque sientes una profunda dependencia, no es amor. Se llama vínculo traumático.
  • Si te trata como si valieras poco, no es amor. Se llama devaluación.
  • Si después de dejarte de cualquier manera, inesperadamente, retoma el contacto, no es amor. Se llama hoovering.
  • Si un día te habla bien, y varios te ignora, no es amor. Se llama refuerzo intermitente de intervalo variable (el refuerzo más adictivo que hay).
  • Si te habla de terceras personas o te exhibe ante ellas para que te sientas amenazada de perderlo, no es amor. Se llama triangulación.
  • Si desaparece de un día para otro, no te contesta ni te da explicaciones, no es amor. Se llama ghosting.
  • Si constantemente hace cosas para que dudes de tu cordura, no es amor. Se llama gaslighting.
  • Si te ignora como respuesta a un conflicto, no es amor. Se llama ley del hielo.
  • Si te da un exceso de amor desproporcionado y prematuro, no es amor. Se llama love bombing.
  • Si altera los detalles de una historia para ser percibido como una víctima, no es amor. Se llama victimización.
  • Si te va enemistando y apartando de lo demás, no es amor. Se llama aislamiento.
  • Si te abruma con una amabilidad desmedida, no es amor. Se llama seducción narcisista.
  • Si te observa de manera cautelosa y escondida, no es amor. Se llama acecho.
  • Si te trata bien, pero a tu espalda difunde información falsa sobre ti, no es amor. Se llama difamación.
  • Si te adula y te da un trato preferencial para luego utilizarte para su propio beneficio, no es amor. Se llama manipulación.

Y como esto, mil cosas más. La lista sería interminable. El narcisista y el psicópata responden a patrones estables de comportamiento característicos de su condición. Son acciones conscientes y deliberadas al servicio de sus propios intereses. Cada una de ellas es un reflejo de su patología, no un acto aleatorio. Con ellos no hay lugar a la casualidad.

Mujer, si lo necesitas, busca asesoramiento personalizado de un profesional de confianza, no permitas que nadie te haga sentir inferior. Mereces respeto. Reúnete de una red de apoyo sólida de amistades, familiares, profesionales… Tu voz importa. No temas decir “no” o “basta”. No tengas miedo de expresar tus sentimientos y necesidades. Cuida tu salud física y mental. Toma el control de tu vida. Tienes el derecho a vivir libre y feliz. Es un camino duro, pero mejor que vivir bajo el yugo de la opresión.

El 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, es un recordatorio de la lucha que las mujeres han enfrentado y seguimos enfrentando en todo el mundo. Es un día para reflexionar, para reconocer el coraje y la resiliencia de aquellas que han resistido a la violencia psicológica y/o física en algún ámbito de la vida (laboral, doméstica, sexual, institucional…), y para honrar la memoria de aquellas que, desgraciadamente, no lo han superado.

Debemos ser conscientes, valientes y convertirnos en agentes de cambio. Porque cada paso que damos hacia la igualdad, la justicia y la paz, es un paso hacia un mundo mejor.

Este día nos insta a mujeres y hombres a poner fin a la violencia, hasta que podamos vivir sin miedo. Hemos avanzado, pero aún queda mucho por andar. La lucha debe continuar. Luchemos juntos. No solo hoy, sino todos los días.

Lourdes Justo Adán

Maestra especialista en Educación Infantil, en Educación Primaria y en Pedagogía Terapéutica.

Licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación.

Orientadora Escolar

Escritora.

Coach de víctimas de maltrato psicológico.

Docente desde hace treinta años.

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