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«Cuando tomábamos café» la obra más reciente de J.C. Sánchez

«Cuando tomábamos café» la obra más reciente de J.C. Sánchez

Para quién no te conozca, ¿quién es José Carlos Sánchez Montero?

Un madrileño con sangre extremeña y alma gaditana de 45 años que disfruta de lo que ama, escribir, mientras ayuda a todas aquellas personas que le reclaman para asesorarles con sus finanzas personales.

¿Cómo nace tu vena escritora?

Creo que el cómo siempre está vinculado a la pasión. Desde que aprendí a leer, sentí una profunda atracción por aquello que me descubrían los cuentos, las historias, los cómics. Pienso que es un afán de búsqueda y de satisfacción de una irrefrenable curiosidad que hoy día aún poseo. Desde esa pasión por saber, por conocer, por descubrir, comprendí que la mejor manera de conocerse a uno mismo y de explorar aquellas cuestiones que no terminaba de comprender, era sumergirse en las profundidades de un folio y escribir. Creo que nunca he estado tan acertado en algo como en aquella temprana fuerza de la atracción que mantengo frente a un cuaderno y un lápiz. 

¿Cuántos libros has publicado ya?

Hasta la fecha tres, dos poemarios y una novela: El versador de sueños, Luna Cana y Cuando tomábamos café. También he participado como coautor en un ensayo histórico (Codex Templi) y dos antologías de relato (La isla del escritor y Grimorio 13).   

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J.C. Sánchez, autor de «Cuando tomábamos café.

Háblanos más sobre tu novela «Cuando tomábamos café». ¿Qué es lo que más destacarías de ella?

Quizá su honestidad. Es una novela que habla de sueños, de injusticia, de realidad social, de una época de la que no se ha hablado mucho en la literatura de nuestro país, finales de los 60. He intentado dejar mi pequeño tributo a una generación, la de mis padres, nacidos en la década de los 50, que tuvo las cosas muy difíciles. Que vivieron la represión de la dictadura, que no tuvieron muchas oportunidades. Que tuvieron que salir de sus casas para ganarse la vida y la posibilidad de conseguir un futuro mejor. Desde bien pequeño escuchaba las bondades de la transición democrática de este país, la que tuvieron que hacer ellos. Muchos, incluso hoy día, hemos sido muy críticos con aquel momento histórico por la manera de hacerse y las connotaciones que lo acompañaron. Pero, cuando te sientas a hablar con estas personas, las mismas que han sufrido en nuestros días los peores rigores de la pandemia Covid-19,  te dicen con un poso de amargura en la voz y la tristeza instalada en los ojos, “¿Que lo hicimos mal? Si no sabíamos lo que era la democracia y nos encargaron diseñarla. Bastante bien, dadas las circunstancias, nos salió”. Y tienen razón. Por tanto, Cuando tomábamos café, es un tributo a aquella generación y todas las mujeres fuertes, luchadoras e independientes que aportaron su granito de arena para que este país y todos los que vinimos después, fuéramos libres. 

Te has referido a las mujeres en la anterior pregunta, ¿Tienen mucha importancia en la novela?

Toda. En este país, por desgracia, hemos convertido una proclama de justicia, de razón, de lógica, como es el papel de la mujer en nuestra sociedad en condiciones de igualdad para poder avanzar, progresar y beneficiarnos de manera colectiva de todo lo que aportan y de su enorme valor, en un elemento de confrontación vacío y estéril. Unos por unas cosas y otros por otras. Se desvirtúa el verdadero objetivo: la igualdad real. Que para mí es el trato ecuánime de los desiguales. Porque todos lo somos. Pero sí podemos conseguir tener las mismas oportunidades. Y un trato equitativo. Depende de nosotros. Yo, como la mayoría de nosotros, me he criado en un matriarcado. La figura de mi madre, de mis abuelas, mis tías, la figura femenina, en general, es muy importante. He aprendido gran parte de lo que soy, sino todo, gracias a ellas. No es que la figura de la mujer tenga mucha importancia en la novela, que la tiene, sino que es muy importante en toda mi literatura.        

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¿Cuánto tiempo te ha llevado escribirlo?

La primera planificación la terminé en el verano de 2015. Y la novela se publicó en mayo de 2019. Casi cuatro años. Tengo un cuaderno, siempre comienzo mis novelas en un cuaderno nuevo, en el que iba anotando ideas, diseñando la línea temporal, la trama principal y los perfiles de los personajes. Tengo la costumbre, siempre que mis obligaciones me lo permiten, de desayunar leyendo las noticias de distintos diarios. Una mañana me di de bruces con una que me sumergió en una profunda nostalgia. El titular era más o menos el siguiente: “Cierra el emblemático Café Comercial de Madrid”. Guardo una estrecha relación personal y familiar con ese local. Fue allí donde me dije por primera vez, a una edad muy temprana, que quería ser escritor. En aquel instante supe que debía localizar mi primera novela en el barrio y con el telón de fondo de ese Café. Muy al estilo de La Colmena. Salvando las distancias y con todos los respetos para Cela. 

¿Alguna anécdota que puedas contarnos?

¿Al respecto de la novela? ¿De su proceso de escritura? ¿O de la promoción?

Lo que prefieras.

¡Ah, bien! Déjame pensar. Supongo que el encierro a causa de la pandemia ha dejado de ser anecdótico ¿no? (Risas)

Imagino que en unos años podremos hablar de ello en esos términos. Pero me refiero a algo que tenga que ver con cualquier parte de la novela. A nuestros lectores les gusta saber más de los entresijos de las historias que leen.

Supongo que eso tiene que ver con el espíritu curioso que nos guía a todos y cada uno de nosotros. Bien. Tengo varias. No obstante, publicar en mayo de 2019, después de una intensa campaña de búsqueda editorial, tener la posibilidad de firmar en la Feria del Libro de Madrid en ese año, iniciar una gira de promoción por España, y que nos encerraran en seis meses después, resulta anecdótico en sí mismo. Pero, si me permites, me voy a quedar con un hecho que ocurrió en un encuentro con lectoras en una librería en Caravaca de la Cruz (Murcia) con las que, desde entonces, he establecido una relación muy especial. En un momento de la charla, una de ellas me preguntó al respecto del buen trato que las hermanas Martos dispensan a Pepita desde su llegada a Madrid. Para esta lectora suponía algo “poco real” en aquella época, una afinidad, un vínculo casi de amistad más que laboral. Yo me reí. La respuesta fue sencilla. Le dije, “¿Te puedes creer que, de todo lo que se narra en la novela, lo más real que hay es esa conexión entre tres personas que existieron en la vida real?” Fue muy bonito comprobar que la realidad y la ficción pueden llegar a confundirse tanto en el interior de una novela al sumergirnos en la historia.      

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¿Qué opinas de la sociedad actual para el trabajo del escritor?

No entiendo muy bien la pregunta. ¿Te refieres al material que nos concede para trabajar? ¿Cómo público de lo que escribimos? ¿O como el medio en el que vivimos y nos acoge?

Cualquiera de ellas me vale.

No sabría qué responderte. Desde luego, material nos aporta a diario. Eso es innegable. Como destinatario de lo que escribimos, a pesar de que tenemos un repunte en las cifras de lectores/as en el país, me preocupa mucho lo que sucede con las nuevas generaciones. Ni las familias, ni por supuesto el sistema educativo que es claramente deficitario en algunas materias, favorece que se lea. A veces pienso que se quiere enterrar a las humanidades. Que, a la clase política de este país, no le conviene que los ciudadanos pensemos. Que es lo que provoca la lectura en las personas, espíritu crítico. No sería, por tanto, muy distinto de la época que retrata la novela. Y eso es muy triste. Es cierto que los escritores y escritoras, debemos competir contra elementos de satisfacción instantánea como las video consolas, las plataformas de streaming, la música, el cine… Eso está ahí. Pero no son excluyentes. Y, con toda la prudencia y respeto del mundo, lo que aporta una buena novela, un buen libro, al que puedes recurrir siempre, toda la vida, no lo concede ningún otro elemento de ocio. Pienso que, desde la administración, se debía proteger mucho más nuestra profesión. Es muy complicado, prácticamente imposible, dedicarte de manera exclusiva a ella. Y eso lo complica todo. No deben olvidar que somos los cronistas de nuestra época. Dejamos un legado hasta el fin de los tiempos. Deberían contribuir de alguna manera a que esto fuera posible. Pero la realidad es bien distinta.       

¿Qué consejo te gustaría darle como escritor a tu yo de hace unos años?

Que no se rinda. Que va a ser muy difícil. Que no va a tener ayuda de casi nadie. Que habrá más momentos de desasosiego que de esperanza. Que la soledad es una buena compañía si se sabe gestionar. Y que se consiguen los resultados si se es capaz de mantener la confianza en uno mismo por encima de las circunstancias. Que relativice. Que no se frustre y disfrute del proceso porque es lo más maravilloso que puede suceder en el mundo. Eso es únicamente suyo. Nadie se lo podrá arrebatar nunca. Por tanto, que lo interiorice y sonría. 

¿Qué autores te han inspirado más a la hora de escribir?

Leo mucho. Desde siempre. Últimamente, por cuestiones laborales, no tanto como quisiera. Pero mucho. Admiro mucho a Almudena Grandes, Carmen Martín Gaite, Rosa Montero… Autores como Galdós, Delibes, siento predilección. Reverte, sobre todo las novelas de sus comienzos. Buero en teatro. Leo mucha poesía. No sé. Sobre todo, autores nacionales. De fuera podría nombrarte a Umberto Eco, Andrea Camilleri, Petros Markaris, John Grisham, Ken Follet, P.D.James… Voy a dejarlo ya porque no acabaría.  No tengo vida para todo lo que quiero leer. Y eso que me he dejado a los clásicos. (Risas)  

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Jose Carlos Sánchez Montero junto a todas sus obras.

¿Dónde se pueden conseguir tus libros?

En cualquier librería del país. Raspabook, mi editorial, en este momento, tiene una buena distribución. Por supuesto en las plataformas online. Para aquellos que tienen gusto por la lectura en digital, lo tienen a un precio increíble en ebook. Es una novela que ha tenido la suerte de mostrarse en la Feria Internacional de Frankfurt. Pero todavía no ha surgido la oportunidad de ser traducida a otros idiomas ni dar el salto a Hispanoamérica. Espero que esta situación pueda cambiar pronto.    

¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto?

En confianza, los escritores nunca dejamos de trabajar. Estamos pensando en nuevos proyectos a todas horas. Personalmente, tengo una libreta en la que apunto todas las ideas de novelas que quiero escribir en un futuro. Ya tengo ideas hasta para después de muerto. Que sin duda seguiré escribiendo donde quiera que esté (Risas). He terminado dos novelas. Una de ellas está pendiente de recibir propuestas para ser publicada. Algo diferente a Cuando tomábamos café. La otra es una novela corta escrita en segunda persona. Intimista. Muy del estilo de Cinco horas con Mario. Aunque con un lenguaje más duro. En estos instantes trabajo en una historia ambientada a finales de los 80 en una ciudad dormitorio del sur de Madrid. Estoy disfrutando de esa mirada adolescente de los personajes. De su despertar al sexo, de la mirada inocente y de los problemas de las familias de clase obrera en aquellos años. Es algo catártico. Veremos cómo acaba.

Para terminar, ¿nos recomiendas alguna lectura?

Bueno, yo recomiendo leer a todo el mundo. Aunque sea el periódico. Leer tiene muchos beneficios. Pero como me pides una lectura concreta, un libro, además de Cuando tomábamos café, por supuesto, puedo recomendar Los pilares de la tierra de Ken Follet, El camino de Delibes, Las puertas del paraíso de Nerea Riesco, La Corte de los Espejos, para quienes les guste la fantasía, de Concha Perea, El corazón helado de Almudena Grandes. Hay tantos… El nombre de la rosa, El perfume…No terminaría (Risas). 


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