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Conocemos todo sobre “Mi primer safari”, obra de José Manuel García Lamas, publicada con Círculo Rojo.

Conocemos todo sobre “Mi primer safari”, obra de José Manuel García Lamas, publicada con Círculo Rojo.
  • Como licenciado en Literatura Hispánica y docente, ¿cómo ha influido tu formación académica y experiencia en la enseñanza en tu obra “Mi primer safari”?

Como parte de mi formación académica está, lógicamente, la narratología. Así que conocer bien los elementos estructurales de una narración es imprescindible cuando se quiere escribir de manera consciente un cuento o una novela, porque no es cosa de mera intuición o azar. El conocimiento de los elementos propios de una narración, como el narrador, los personajes, el tiempo o el espacio, así como sus respectivas tipologías y tratamiento, me ha ayudado mucho en el plan inicial y posterior escritura de Mi primer safari. Sin embargo, ese conocimiento teórico no garantiza en ningún caso el buen resultado de un proyecto narrativo, porque no es suficiente. Habría que hablar también del lenguaje, de la originalidad e interés del mundo narrado, etc. No creo revelar nada nuevo si, a lo dicho, añado que las muchas lecturas de cuentos y novelas que he hecho a lo largo de mi vida también han fraguado en mi mente diferentes modelos de narrar una historia, por su ejemplaridad. Algún poso de esas lecturas debe de haber en mi libro.  Por otra parte, la experiencia docente me ha demostrado que la aventura, como la ciencia ficción o el misterio, es algo que la mayoría de los adolescentes y jóvenes que leen buscan en las obras literarias. Y Mi primer safari es una especie de novela de aventuras destinada a ellos, aunque bien podría recomendarse igualmente a un lector adulto. 

  • “Mi primer safari” combina elementos de ficción autobiográfica y literatura de viajes. ¿Cómo decidiste estructurar la narrativa de tu obra y por qué elegiste este enfoque?

Efectivamente, Mi primer safari es una narración híbrida donde convergen la ficción autobiográfica y la literatura de viajes. Lo que tiene de literatura de viajes no es ficción, está basado en el safari que hice por Kenia, Uganda y Tanzania hace unos años. Los hechos narrados en el libro son, por tanto, reales. Hubiera podido contarlos en primera persona, directamente y sin utilizar la ficción, pero descarté esta posibilidad por dos razones: la primera, para evitar la monotonía de una sola voz narrativa; y la segunda, porque era bastante probable que los lectores adolescentes y jóvenes a quienes yo quería dirigirme no se reconocieran en un narrador en primera persona adulto. Así que decidí crear la figura de un narrador también en primera persona y a la vez protagonista de Mi primer safari llamado Manu, con quien por su edad pudieran identificarse. Como narrador, Manu aparece en mi libro desdoblado de manera casi imperceptible: es el adolescente que anota cada noche en una Moleskine las experiencias que le depara el recorrido por los tres países citados, e igualmente es el joven que, basándose en la Moleskine, en las fotos que ha hecho entonces y en su memoria, diez años después actualiza aquellas experiencias y escribe algo muy parecido a una novela para compartirlas con quien se atreva a leerla. Para hacer verosímil la narración, Manu, como narrador, tenía que ser también un joven con un cierto grado de madurez intelectual y unos conocimientos suficientes del arte de contar historias. El lector no encontraría creíble una narración tan larga como la de Mi primer safari si la presentara como salida de la cabeza de un adolescente. Por último, junto a la figura de Manu tuve que crear al mismo tiempo los personajes que le acompañan, como sus padres, o con los que se encuentra, para introducir diálogos y articular una trama que sirviera para enlazar los veintidós capítulos del libro. Me pareció que así su lectura resultaría más interesante, atractiva y entretenida. Lo que acabo de decir explica la parte de autobiografía ficticia que hay en Mi primer safari.

  • La conservación del medio ambiente y la pasión por viajar son temas importantes en tu obra. ¿Cómo integras estos aspectos en la trama y qué mensaje esperas transmitir a los lectores?

Manu y sus padres son sensibles a problemas hoy tan acuciantes como el deterioro del medioambiente, la contaminación  y el cambio climático que amenazan la vida en nuestro planeta. En numerosos pasajes de Mi primer safari salen a colación estas amenazas, por ejemplo cuando Manu, en sus visitas a los parques nacionales como el Rwenzori, el Serengueti o el Amboseli, constata el riesgo de extinción sufrido por numerosas especies de animales salvajes en un pasado todavía reciente e incluso en la actualidad, y todo por un brutal afán de negocio, por ganar dinero fácil. Ahí tenemos un caso muy claro de pérdida de riqueza y diversidad de la naturaleza. También el peligro de extinción de los delfines del Índico, por el mal uso de ciertas artes de pesca, o de los arrecifes de coral es objeto de comentarios por parte de Manu cuando está en la isla de Zanzíbar. Igualmente lamenta la desaparición de parajes naturales tan extraordinarios como los del nacimiento y cabecera del Nilo Blanco, por la construcción de centrales eléctricas. La pasión viajera de Manu y sus padres se afirma en Mi primer safari por el asombro que les produce descubrir en cada etapa de su periplo africano la singularidad, belleza y grandiosidad de un mundo hasta entonces lejano, existente para ellos como mucho en algunos libros, películas y documentales. Los zoológicos para mí no cuentan. Nada, pues, cómo conocer ese mundo en directo, teniéndolo delante. ¿Qué quiero transmitir a los lectores? Pues en principio la experiencia que yo viví en el este de África para compartirla con ellos, pero también pretendo  despertar su curiosidad por lo mucho que representan los países que visité y no cejar en el compromiso de defender y cuidar la naturaleza. También, para deshacer posibles confusiones, quiero recordar a los lectores que el término suajili “safari” significa literalmente viaje, y que no tiene que asociarse necesariamente a la caza y muerte de animales salvajes, como ocurre con frecuencia.  Y, por último y en relación con lo que acabo de decir, igualmente quiero que entiendan Mi primer safari como la invitación a un viaje maravilloso a través de la palabra escrita. La respuesta al porqué de esta invitación está en una de las primeras páginas del libro, donde pongo una cita del escritor italiano Claudio Magris, sacada de su obra El infinito viajar, que dice: “Vivir significa hoy, más que nunca, viajar”. Hace dos mil y pico de años, eso mismo también vino a decir Ulises, el protagonista de la Odisea.

  • Manu registra sus experiencias en una Moleskine durante el safari. ¿Cómo fue el proceso de transformar esas notas de viaje en una narración más extensa para “Mi primer safari”?

Manu nos dice que lleva consigo una Moleskine donde cada noche va anotando las peripecias de su safari. Yo, en realidad, no llevaba ninguna Moleskine conmigo. Lo que hice durante mi viaje fue grabar bastantes horas de video con lo que veía, mientras mi mujer hacía lo que yo pero con su cámara de fotos. De vuelta a casa, edité con mi ordenador las imágenes de video grabadas. La duración de la película resultante fue de cinco horas en varios cedés. Cuando me propuse escribir Mi primer safari rescaté la película de mi videoteca para convertir sus imágenes en palabras que iba trasladando a un grueso cuaderno. Este trabajo me llevó mucho tiempo, pero para mí no dejaba de ser gratificante. Me sentía como un orfebre con él. Lo mismo hice con las fotografías de mi mujer. Al final, ese cuaderno equivalía a la Moleskine de Manu, y a partir de él comencé a escribir mi libro, a darle una forma narrativa fundamentalmente lineal, trabajando el lenguaje, añadiendo algunas pequeñas cosas e introduciendo cuando eran necesarios saltos temporales hacia atrás o hacia delante, procedimientos que los antiguos llamaban analepsis y prolepsis respectivamente, y los anglosajones llaman flashbacks y flashforwards. El narrador también altera la línea del tiempo cuando hace algunas digresiones. Un ejemplo muy claro de flashback es el relato que Teresa, la madre de Manu, hace del safari que veinte años antes había realizado por el este del Congo para ver los gorilas de montaña en los parques nacionales Kahuzi-Biega y Virunga.

  • Hablas de la visita a lugares emblemáticos como el Serengueti, el Ngorongoro y el Amboseli. ¿Cómo eliges los destinos y parajes para incorporarlos en la trama, y cuál fue tu favorito al escribir la historia?

Los elijo para incorporarlos a la trama por su indudable importancia, hay un consenso al respecto de toda la gente que conoce esos lugares o piensa visitarlos. No se puede narrar un safari por el este de África sin tener en cuenta los parques nacionales citados, o parajes como el Valle del Rift, el lago Victoria, el nacimiento del Nilo o el monte Kilimanjaro. Se pueden añadir otros parques y parajes a la narración, pero en mi opinión los nombrados no deben faltar en ella. Mis parques nacionales favoritos son el Serengueti y la denominada Área de Conservación de Ngorongoro, por el gigantesco cráter de su volcán extinguido y la fauna salvaje que vive en él. El monte Kilimanjaro está entre mis parajes preferidos, su vista hace que uno, en un primer momento, enmudezca por su grandiosidad y leyenda.

  • La obra abarca tanto áreas naturales como ciudades como Nairobi o Kampala. ¿Cómo abordas la descripción de los entornos urbanos y su contraste con la vida salvaje en tu narrativa?

En mi obra dedico más espacio a las áreas naturales que a las ciudades, aunque me interesan las unas y las otras para tener una visión de conjunto, si se quiere aproximada, de los países visitados, tan diferentes a los europeos. Describo los entornos urbanos de Nairobi, Kampala y otras ciudades fijándome en lo que tienen de peculiar por su origen, aspecto, lugar donde se alzan, trazado urbanístico, construcciones, actividades de la gente que las habita y llena sus calles o malvive en sus grandes y miserables periferias, etc. Los poblados africanos, por su parte, al depender de una agricultura escasamente desarrollada están más cerca de la naturaleza que de las ciudades, no hay más que ver los materiales de construcción que emplean en sus chozas: adobe, ramas, hojas de árboles, estiércol mismo… Los parques nacionales, donde campan a sus anchas y en total libertad los animales salvajes, son por el contrario espacios naturales acotados y desde hace tiempo protegidos, pese a ciertos desmanes, cuya extensión en kilómetros cuadrados difieren mucho entre unos y otros. En ellos es aún posible contemplar y gozar de la naturaleza en un estado prácticamente puro, inalterado. Este es uno de los  aspectos que quiero resaltar en mi libro. Podría decir que los parques nada tienen en común con las ciudades si no fuera por los lodges donde se alojan los turistas con posibles y por los coches que los recorren de una punta a otra para encontrar, en especial, a “los cinco grandes”.  

Obra de José Manuel García Lamas. Mi primer safari.
  • Después de la relectura de las páginas de la Moleskine, decides escribir “Mi primer safari”. ¿Cómo fue el proceso de recordar y dar forma a esas experiencias pasadas para la creación de la obra?

Tal vez he adelantado en parte la respuesta a esta cuestión con motivo de otra pregunta anterior, sin darme cuenta. Pero no me importa volver sobre ella para confirmar que las páginas de la Moleskine forman parte de la autobiografía ficticia de Manu. El proceso de recordar las experiencias vividas aquel mes de agosto en el este de África comenzó lógicamente antes de ponerme a escribir el libro, y no se interrumpió  hasta que lo terminé. Dicho proceso fue posible gracias a la memoria que conservaba de mi safari, pero sobre todo al video de cinco horas sobre él que ya comenté, y a las fotografías hechas por mi mujer. Volcar, como ya dije, en las páginas de un grueso cuaderno todo ese material memorístico y gráfico para convertirlo en literatura, me llevó su tiempo, como cabía esperar, pero no fue especialmente difícil para mí, porque conocía teóricamente los mecanismos del lenguaje y los elementos estructurales de la narración. También creo que seguí bastante de cerca el lenguaje narrativo de las imágenes editadas en el vídeo.  Aprendí lo básico de ese lenguaje hace ya bastantes años, cuando hice dos cursos de dirección de cine con profesionales de este arte. En mi opinión, Mi primer safari es en gran parte una obra narrativa muy visual, de imágenes.

  • Has escrito libros de texto y guías de lectura para bachillerato. ¿Cómo difiere tu enfoque al escribir una obra de ficción como “Mi primer safari”?

Escribir libros de texto y guías de lectura no tiene nada que ver con escribir una obra como Mi primer safari. La libertad creativa y el juego de imaginación que podemos encontrar en un cuento o en una novela, géneros de ficción ambos como sabemos, no son posibles en un libro de texto o en una guía de lectura. El lenguaje didáctico es informativo y obedece a criterios pedagógicos; el literario no, sólo se debe al arte y por eso es muy libre.

  • Hablando sobre la publicación de tu libro, ¿qué tal ha sido la experiencia con la editorial Círculo Rojo en el proceso de lanzar “Mi primer safari”? ¿Qué destacarías de esta colaboración?

Mi experiencia con Círculo Rojo ha sido formidable, por lo que estoy muy agradecido a todas las personas del equipo editorial con las que he tenido la oportunidad de trabajar. En todas ellas he encontrado la atención, la profesionalidad y el compromiso que esperaba de ellas para que Mi primer safari viera la luz y llegara a sus posibles lectores.


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