Conoce a Bárbara Cruz, la autora del thriller «La camarera de la Gran Vía»

Conoce a Bárbara Cruz, la autora del thriller «La camarera de la Gran Vía»

Para quién no te conozca, ¿quién es Bárbara Cruz?

La verdad es que soy malísima en la autopromoción o al intentar decir cosas buenas de mí. Me gusta pensar que soy una persona normal y corriente a la que no le gusta mucho llamar la atención, ni para bien ni para mal, y a la que sencillamente le gusta disfrutar de la vida.

Por eso siempre intento ver el lado positivo de las cosas, incluso cuando estoy atravesando una mala época. Y también por eso me gusta experimentar cosas nuevas. Si siempre hago lo mismo, no sé qué otras cosas me puedo estar perdiendo con las que tal vez disfrutaré muchísimo.

¿Cómo nace tu vena escritora?

Es curioso, pero no sería capaz de poner una fecha concreta a ese “nacimiento”. Sí recuerdo que en el colegio esperaba con ilusión la llegada del mes de abril y todos los eventos culturales que se celebraban con motivo del Día del Libro, incluidos concursos de escritura en los que siempre participaba. Pero antes de eso ya había escrito algunos cuentos que solo me atrevía a compartir con mi hermana. Y antes de eso recuerdo con especial cariño las tardes en las que me dedicaba a improvisar cuentos que nunca llegaba a escribir, solo los relataba a medida que se me iban ocurriendo y que, de nuevo, tenían a mi hermana como única oyente.

Así que se puede decir que, más que nacimiento de mi vena de escritora, fue una especie de evolución lógica. Empecé a leer desde muy pequeña y gracias a mis padres desde muy joven cultivé el amor por los libros. Y a medida que leía y me iba enamorando de algunas de esas historias que descubría, prácticamente sin que me diera cuenta surgió también esa pasión por escribir mis propias historias.

¿Cuántos libros has publicado ya?

Oficialmente dos. El último ha sido “La Camarera de la Gran Vía” y, anteriormente, “Segunda Oportunidad”. También formé parto de un libro de relatos antológicos centrados en la crisis económica que sacudió el país en 2008, pero de este solo se hizo una tirada muy corta que realmente nunca llegó a ponerse a la venta en ninguna librería.

¿Qué es lo que más destacarías de cada uno de ellos?

Siempre intento darle algo nuevo a cada una de mis historias, tanto desde el punto de vista del argumento como del estilo. Cuando termino una novela me gusta pensar que no se parece a nada de lo que he hecho hasta ahora, lo que también me sirve para avanzar como escritora. Lo que más miedo me da es encasillarme escribiendo siempre lo mismo o con el mismo estilo.

Por ello en mi primera novela, Segunda Oportunidad, aunque el argumento es más sencillo (se nota que es la primera, jejeje), pues es la historia de una periodista de investigación que se mete de lleno en un problema de mafias, también hay un trasfondo más íntimo y familiar. En concreto, sobre lo que una persona está dispuesta a hacer por recuperar la felicidad perdida, incluso si eso implica hacer daño a los seres queridos que siempre han estado a tu lado.

En La camarera de la Gran Vía, por el contrario, desde el principio tuve claro que quería escribir un thriller “de andar por casa”. Es decir, es un thriller en el sentido de que se ha producido una muerte en extrañas circunstancias y a lo largo de la novela se va descubriendo qué ha ocurrido realmente y, sobre todo, por qué ha ocurrido. Pero lo más interesante es que ese suceso salpica de lleno a una chica normal y corriente, a una estudiante de psicología que trabaja como camarera para pagarse los estudios, y cuya vida da un giro de 180 grados a raíz de esa muerte. Lo que quiero con esta novela es, en lugar de mostrar al típico héroe de estas historias que siempre sabe lo que hay que hacer, presentar a una persona que no tiene ni idea de lo que está pasando ni qué es lo que puede hacer para recuperar su antigua vida. Alguien más cercano y con el que cualquiera puede sentirse identificado y meterse en su piel.

¿Cuánto tiempo te ha llevado escribirlos?

La verdad es que tardo más de lo normal en escribirlas, pero porque soy de las que repasa mucho lo que llevo escrito. Sé que muchos no recomiendan que se haga eso y que lo mejor es empezar a repasar una vez que ya se ha terminado de escribir la novela.

Lo que ocurre es que, como al final de la historia tienen que cerrarse todos los interrogantes que se han ido creando a lo largo de la novela, que son unos cuantos, debo asegurarme de que la parte previa esté bien atada para que al final todo tenga sentido. Y eso exige una labor bastante ardua de revisión y corrección que ocupa mucho tiempo. Casi tanto como el propio proceso de escritura.

Bárbara Cruz y La camarera de la Gran Vía
Bárbara Cruz dando una charla sobre escritoras.

¿Alguna anécdota que puedas contarnos?

Pufff, pues podría contar unas cuantas de cómo es el proceso de escritura para mí, que es casi como una relación de amor odio. Porque tan pronto estoy feliz por cómo va tomando forma la historia (sobre todo cuando hago sufrir a mis personajes, jejeje), como lo paso muy mal cuando veo que me atasco en algunas partes que no quedan tan bien como me gustaría o que nunca pensé que me iba a costar tanto plasmar.

Pero por encima de eso me quedo con una costumbre que me gusta seguir antes de empezar a escribir los siguientes capítulos que ya tengo en mente. Y es que le cuento a modo de avance lo que quiero escribir a mi chico, que es la persona más racional y lógica del mundo que conozco. Y solo cuando él me dice que “tiene sentido y lógica” lo que le estoy contando empiezo a darle forma.

Hago esto porque no quiero escribir algo que no sea creíble, incluso cuando la situación que se está dando es bastante peculiar. Y para confirmar que lo estoy consiguiendo necesito la ayuda de alguien que vea la historia desde fuera. Y como hay confianza entre los dos, jejeje, sé que si no tiene sentido me lo va a decir sin ningún problema.

¿Qué opinas de la sociedad actual para el trabajo del escritor?

Que es muy complicada y sobre todo cuesta mantener la ilusión en lo que haces. Además, esto yo lo vivo por partida doble porque soy periodista y muchas veces veo que prima el escribir de manera llamativa para conseguir el famoso clickbait, antes que ofrecer información veraz o contenido de calidad que sirva al lector.

Con el trabajo del escritor de novela, que es mi caso, pasa más o menos lo mismo. Se pone algo de moda y ves que salen como churros libros de la misma temática e incluso con títulos y portadas prácticamente calcadas. Sabes que ahí ha primado la rapidez por sacar otro libro que se apunte a esa moda y lo de menos es contar una historia distinta o incluso bien escrita. Y a veces eso te deja una sensación agridulce, porque te planteas si no merece la pena hacer lo mismo que hace todo el mundo en lugar de seguir luchando por escribir a tu manera; esa con la que te sientes feliz y orgullosa de lo que estás haciendo.

¿Qué consejo te gustaría darle como escritor a tu yo de hace unos años?

Que se tome las cosas con calma y no diga que sí a la primera editorial que le ofrece publicar su novela. Y es que yo también pasé por editoriales que se aprovechan de la ilusión que tenemos los escritores por ver publicadas nuestras obras. Así que le diría que respirara hondo y que no dejara que la alegría del momento nublara sus otros sentidos. Porque más importante que ver publicada tu obra es que tú te sientas orgullosa de esa obra y de lo que se ha hecho con ella.

¿Qué autores te han inspirado más a la hora de escribir?

El primero de todos, sin duda, Ken Follett. No tanto por la manera de escribir si no porque fue gracias a él que di ese paso de atreverme a escribir. Al leer sus novelas y emocionarme tanto con ellas fue cuando me dije “yo también quiero escribir algo capaz de emocionar así”. Además, hace unos años tuve la inmensa fortuna de decirle esto mismo a él en persona, en una conferencia que dio en Madrid; fue un momento inolvidable que siempre recordaré con muchísimo cariño.

Además de él, la verdad es que intento variar bastante de autor para aprender cosas nuevas, tanto desde el punto de vista de la narrativa como a la hora de cómo contar esas historias. Y en este sentido dos autoras con las que últimamente estoy disfrutando y aprendiendo mucho son Eva García Sáenz de Urturi y Dolores Redondo.

¿Dónde se pueden conseguir tus libros?

Pues yo soy una de tantas escritoras que solo cuenta con sus propias manos y medios para vender su trabajo. Por ello tengo una página web personal, a través de la cual se pueden comprar mis dos novelas. Es https://www.barbaracruz.es/

¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto?

¡En muchos! Afortunadamente, no suelo sufrir ese famoso síndrome de “la hoja en blanco” ¡Todo lo contrario! Acabo de terminar una nueva novela, que es un thriller puro y duro en el que se entremezclan las historias de tres personas directamente relacionadas con el narcotráfico. A través de ellas quiero mostrar ese mundo desde distintos puntos de vista para ver las muchas razones por las que alguien puede acabar en ese mundillo y que no se limite al simple hecho de que “son los malos” de la historia. Y ahora estoy en proceso de revisión para empezar a moverlo por distintas editoriales que pudieran estar interesadas en publicarlo.

Y también he empezado a darle vueltas a otra historia, pero no puedo decir mucho de ella porque aún está en pañales, como quien dice. Solo puedo comentar que no tiene nada que ver con lo que he hecho hasta ahora, ni en cuanto a argumento ni a formato, por lo que estoy muy ilusionada… Y asustada, la verdad, porque sé que va a ser difícil. Pero eso también es parte de la vida del escritor ¿no? Atreverse a hacer cosas nuevas y seguir evolucionando.

Para terminar, ¿nos recomiendas alguna lectura?

Hay dos libros que personalmente me han marcado mucho. Y aunque desde el punto de vista argumental no tienen nada que ver, con ellos he podido sentir que sus personajes salían de las páginas y acababan convirtiéndose en seres muy queridos para mí. Uno es “Los pilares de la tierra”, de Ken Follett, y el otro “Todo esto te daré”, de Dolores Redondo.

Con los dos llegué a sentir un inmenso vacío cuando terminé de leerlos porque con el final del libro también tuve que decir adiós a unos personajes que me habían conmovido muchísimo por su historia y por su forma de ser. Además, en ambas novelas hay unas cuantas enseñanzas sobre el ser humano que pueden muy bien tomarse como enseñanzas de vida. Creo que no hay mejor señal de que ese libro que has leído es único en sí mismo: te cuenta una historia que te atrapa, te muestra personajes a los que acabas queriendo como si fueran reales y cercanos a ti y, además, lo sigues recordando después de años por lo mucho que has aprendido con él.


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